Por qué comprar un vibrador en Caracas es la peor experiencia del mundo

Repito, !LA PEOR!
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En Caracas todo es difícil. En el mejor de los días necesitas al menos 20 horas y cuatro cofres de billetes para hacer la diligencia más sencilla. Todos estamos en una persecución imposible que cuando lo completas tu premio es otra búsqueda más difícil que la anterior.

Entre esas aventuras para subir tus niveles de perseverancia y paciencia puedes pensar “oh, ¿por qué no me compro un dildo y le bajo dos a mis niveles de estrés?” y justo en ese momento, te aparece un sidequest y los dioses se ríen por lo ilusa que estás siendo. Porque aunque no parezca, comprar un dildo en Caracas es un sidequest que sólo puedes pasar si eres nivel Dios.

Parece fácil, vas a una tienda, eliges uno, pagas lo mismo que te costaría comprar un mercado para una familia pequeña a pesar de que afuera sería más barato que un chicle, vas a tu casa a probarlo y te olvidas de todo un rato. As if. Lo único real de eso es que vas a tener que pagar muchísimo más de lo que deberías.

Primero, las tiendas de sexo tienen los horarios más absurdos. Segundo, no todas tienen dildos. Todas tienen un encargado creepy en la caja con un gran interés por hablarte de los masajes que puede dar con los aceites que vende, pero eso es otra historia. Y, tercero porque todas las personas que trabajan en sex shops están entrenados para hacer que ver una escena de sexo sadomasoquista con tu abuela se sienta más cómodo que tratar de comprarles algo. Esto es lo que pasa:

El personal siempre está incómodo

Demasiadas tiendas contratan niños que con solo verlos, puedes imaginar cómo terminaron ahí. Sus bigotes a medio crecer y la inseguridad con la que dicen “clítoris” deja todo claro: pensaron que era la manera más fácil de “conseguir culos”.

Sus labios dicen tímidamente, “por acá tenemos la sección de vibradores”, pero sus existencias enteras dicen, “pensaba que solo vendrían mujeres ninfmanas que saltarían sobre mi virginal cuerpo, pero los senos de mi mamá siguen siendo los únicos que he visto en la vida. Ah, y los orgasmos femeninos son un mito”.

Claramente son de esos niños que crecen para volverse hombres convencidos de que imitar un taladro es una buena práctica sexual, y verlos tratar de explicar cómo las mujeres deberían usar un vibrador es mejor que cualquier stand up al que puedas ir.

...O desinteresado

Peor que el adolescente que pensó que sería súper cool trabajar en una sex shop, es el que llegó a los 20 trabajando ahí y perdió todo el interés por vivir. Has contacto visual con él dos segundos para ver todos los secretos del universo. Ya ha visto todo lo que hay que ver en el mundo y no les interesa para nada si quieres un dildo o lanzarte de un décimo piso.

Te señalan con desinterés hacia cualquier lado y tienes que ir a averiguar dónde coño están los putos dildos por tu cuenta. Y, por cierto, nunca jamás estarán en el lugar que piensas. Puedes perder 4 años de tu vida tratando de descubrir la pared falsa que lleva al cuarto escondido donde siempre están guardados. Al desinteresado le da exactamente igual, solo serás una persona más que jamás volvió a salir.

O piensan que es una invitación de sexo anónimo

Hace unos años, una amiga cercana y yo estábamos en el medio de la etapa que toda mujer ha tenido en la vida, la de “¿para qué sirven los hombres? ¿por qué no compramos dildos y ya?” y decidimos ir en un tour por todas las sex shops de Caracas. Ese fue el día que descubrimos que cuando dices “estoy harta de los hombres heterosexuales”, lo que los hombres heterosexuales escuchan es “quiero que me hables de como tú y tu pene son totalmente distinto a todos los otros hombres y sus penes”.

Si un encargado en una sex shop te pregunta “¿pero por qué una nena como tú necesitaría un dildo?”, get ready. En su mente, están entrando en una porno.

Eso fue lo que pasó, 4 veces, en 4 tiendas distintas durante nuestro recorrido. Primero el comentario casual sobre cómo “tú no necesitas un dildo”, luego la anécdota de cómo hay señoras que van a la tienda buscando un dildo pero lo prefieren a él entonces lo invitan a hoteles, y finalmente el call to action de “puedo cogerte, pregúntame cómo”.

Uno de ellos incluso nos invitó a una orgía que estaba organizando.

Hay hombres tan falocéntricos que no pueden imaginarse que una mujer prefiera un pene de plástico que uno de carne y hueso. Lo que no toman en cuenta es que el de plástico tiene atrás mi mano, mientras que el de carne y hueso tiene atrás a un patán fastidioso.