¿Pedir perdón a pedir permiso? - The Amaranta
Me he hecho esta pregunta más de mil veces

A lo largo de nuestras vidas nos enfrentaremos a muchas preguntas estúpidas, ¿con o sin leche?, ¿Doritos o Ruffles? ¿cerveza o ron? ¿abrir la ventana o prender el aire acondicionado? ¿decir que no y ser un douche o decir que sí y ser cuchi?; y una a la que me he tenido que enfrentar mucho ¿pedir perdón o pedir permiso?

Me enteré de la existencia de esta pregunta como puerta de una condenada y eterna reflexión hace poco más de un año. Cuando un chamo con el que estaba saliendo, en sus intentos de seducirme y convencerme de “tener algo chill con él”, me hizo esa pregunta: ¿prefieres pedir permiso o pedir perdón? Claro que me preguntaba si me arriesgaba a tener sexo con él sabiendo que no iba en serio, pero yo me lo tomé más en serio que nunca. Después de no pararle, hice de esta simple pregunta una especie de filosofía de vida.

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Sonará bastante simple a estas alturas del partido. Ya la experiencia y la cultura mainstream de YOLO y Carpe Diem nos ha enseñado que siempre va a ser más fructífera la sensación de haber hecho lo que nos dio la gana, independientemente de a cuántas personas tuvimos que pedirle disculpa. Pero llegar a la meta es difícil, para ser honestos nos tuvimos que dar muchos coñ*zos para llegar a esa conclusión.

La pregunta solo enmarca unas cuantas palabras que representaron una duda durante la mayor parte de mi vida. El primer ejemplo que se me ocurre es una vez que pasé un fin de semana en casa de mis tíos. Mis primos y mi tío querían llevarme a una playa que queda lejísimo a comer parrilla e incluso pasar por una piscina, sin embargo, la condición era que no podía decirle a mis papás. Ellos tenían una muy mala fama de ser eso que llaman sobreprotectores, yo simplemente los llamaba “lad*lla”. Después de lo que casi fue mi primera crisis existencial: mentir o no mentir, disfrutar con culpa encima y fumarme una para inventar una especie de coartada; decidí que prefiero pedir permiso.

Error.

Ahora que lo pienso, mis tíos llevaban años queriendo llevarme a esa playa, ya ni recuerdo cuál es. Y por miedo a un regaño de mis papás que se les hubiese olvidado a los dos días, me perdí de lo que pudo haber sido una de las mejores salidas con mis primos antes de que se fueran del país y no los volviera a ver más. Life's a bitch.

Se me pueden ocurrir cien mil casos más que no tienen que ver con mis pobres papás a quienes he podido entender sus crisis de preocupación (era hija única para ese entonces). Desde salidas a discotecas, citas con niños que no creía que les gustaba, hasta comer cosas que nunca había probado. Dije que no a todas esos recuerdos falsos por miedo a enfrentarme con las consecuencias. Eventualmente aprendí que las consecuencias van a venir de todos modas y en todas las circunstancias posibles, así que más vale hacer que vengan por algo serio.

Es cómico como un fuckboy te mete filosofías raras en la cabeza. Pero yo acepté ese reto. A quien sea que tenga que pedirle perdón ahora en adelante, solo lo haré cuando crea que se lo merece, o más de lo que yo me merezca no pedir permiso. Porque vivimos en un país donde no sabes quién se va o qué pasará luego, así que mejor aprovechemos lo que tenemos en la mesa.

Pero sin caer en estupideces, gracias y disculpa.