Odiar o no odiar los cumpleaños - The Amaranta
Ese es el dilema

Hace un año, más o menos por esta fecha, The Amaranta, fresca y joven, era una página en blanco para que nosotras escribieramos de tanta estupidez argumentada se nos ocurriera.

Personalmente no tenía mucha experiencia plasmando mis ideas en público, nunca usé Twitter y mis estatus de Facebook se limitaban a un “Gracias por las felicitaciones”. Entonces, al tener la oportunidad de escribir de lo que quisiera, entré en pánico porque no se me ocurría nada que compartir. Al estilo película motivadora apliqué un consejo que escuché de alguien sin relevancia a la historia, y escribí sobre algo de lo que conociera.

Yo conocía el hecho de que odiaba mi cumpleaños y me parecía que mis razones eran bastante válidas. Ergo, artículo de “Odio mi cumpleaños” escrito.

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Odio mi cumpleaños

Con toda la connotación sentenciosa y anti bíblica que carga la palabra “odio”, descargué años de argumentos y justificaciones que le había dado a media humanidad cuando me decían que era una ridícula por decir que no me gustaba mi cumpleaños.

Eran 6 razones claves que aportaban, en mi opinión, un caso imposible de perder. Hablaba de la saliva que contamina toda la torta al soplar la vela, lo fastidioso que es verte obligado a responder felicitaciones de personas que no ves desde el 2005, la falta de presentes en los cumpleaños de adultos y la incansablemente infinita canción de cumpleaños “a la venezolana”.

Desde la publicación del artículo en cuestión, descubrí adeptos a mi idea, gente que se unió a mi equipo y a enemigos de mis malas vibras la fecha de mi aniversario. Yo por mi parte me dediqué a vender mi campaña anti cumpleañera al estilo político, casi me hago hasta un logo.

El cuento cobra relevancia porque de repente, una persona ni remotamente cercana a mi, un desconocido en una fiesta a la que había asistido sin que me invitaran (arroceramente coleada pues), me dijo con aire despreocupado que estaba invirtiendo demasiado tiempo y energías en algo que aparentemente no me gustaba.

BOOM.

Me explotaron en la cabeza los 6 whiskeys que me había tomado con el comentario. El tipo no tenía idea de que me acababa de quebrantar meses de esfuerzo y años de pensar constantemente que noviembre me daba un fastidio enorme porque era el mes de mi cumpleaños. Me senté en la barra y él siguió su rumbo dionisíaco yendo a bailar con una niña con muchas más tetas que yo.

Fracasada por no levantarme all hombre misterioso, triste por no abrir los ojos antes y plana como una tabla, así me sentía.

La mañana siguiente, post 2 litros de agua y media caja de acetaminofén, le di chance a que mi cuerpo aceptara que el tipo tenía razón. Qué manera tan estúpida de pensar, el pasártela hablando de algo que no te gusta. Había pasado meses en una campaña para popularizar algo que odiaba, o sea, básicamente me estaba amargando constantemente sin razón alguna.

Allí, enratonada con un paño en la cabeza, el rímel chorreado y los pies hinchados de los tacones, tomé una decisión radical: desde ese momento, me iba a dedicar a que me gustara mi cumpleaños y en hacer que las personas que no disfruten del suyo, lo pasen bien.

Giro 180, nivel de compromiso 100 y con actitud de ganadora, deseché una matriz de creencias de mi cerebro y adopté la contraria. Fue un evento tan extraño como si existiera un gay homofóbico.

Mis amigas empezaron a cumplir años e hice el voto de complacerlas en cuanto capricho les provocara. Me disfracé de Miss, me desvelé, me emborrache, limpié lágrimas, cargué cavas, comí torta, boté a arroceros, recogí después de la rumba, cuidé de borrachos, me paré de cabeza y si querían ver televisión y no hablar, pues también lo hacía.

Afortunadamente, ellas apreciaron mi esfuerzo y en cada uno de los cumpleaños, la respuesta al día siguiente a “¿Y qué tal lo pasaste? ”, fue siempre positiva.

Realmente el problema era predisponerse a que iba a ser un día que no alcanzara tus expectativas, era el problema principal de la gente que no le gustaba su cumpleaños. Con organización, planificación, comunicación y mucho trap, logré entender que los cumpleaños son lo que tú haces de ellos.

Rodearte de la gente que quieres y te importa, comerte algo que te guste y apreciar que un día al año la gente está feliz por el hecho de que naciste, es muy cuchi.

Las otras cosas que funcionaban como pilares para la la época en la que detestaba mi cumpleaños, como la torta ensalivada, la canción infinita de cumpleaños y las llamadas de las personas random, transmutaron a tener un velo de encanto y simpatía cuando las acepté como cosas graciosas que si realmente me molestaban demasiado, podía dejar de hacer.

Estoy a un par de semanas de celebrar mi primer cumpleaños bajo esta nueva óptica y me siento emocionada por ello. Estoy hasta considerando auto infligirme una “torta en la cara”.

Para tí misterioso extraño al que no le parecí tan bonita, gracias.

“Ay que noche tan preciooooooooooosa."