0800-Amor: regalar peluches

Esta columna está dedicada encarecidamente a quitarle el desagrado a los millennials que se repugnan de tan solo pensar en un beso a la puesta del sol o en bailar boleros luego de una botella de vino en la sala.

Tal vez se me fue de las manos lo de los boleros, pero cambia la fórmula por Ed Sheeran y una botella de ron y creo que nos entendemos.

Una generación en la que los románticos somos satanizados y los que tienen problemas de compromiso son glorificados, en mi opinión sufre. Sufre de amor.

“No gracias, devuelve las flores, prefiero no saber qué somos y que me ignores por DM”.

Y aunque desde hace un mes emprendí esta campaña de corazones y chocolates, mientras pensaba qué eran esas cosas que a los jóvenes nos parecen demasiado cursis y fuera de moda para proponer casos prácticos y quitarles el tabú, hubo un solo gesto de la cultura romántica que no pude defender.

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Porque en mi opinión por más sensible y amoroso que seas, este objeto debería estar prohibido. Vetado. Penalizado por la ley.

Por tanto, por primera y creo que última vez, dedicaré un artículo a no aplicar activamente un gesto romántico clásico en sus vidas.

0800-amor, ¿Cuál es su emergencia?

“Quiero regalarle un peluche a mi novia”.

No, niño, no. Y para tu novia, mándale a decir que corra y se consiga a alguien con mejor noción de la realidad.

Existen solo dos escenarios posibles en el que regalar un peluche es aceptable. El primero es que el regalado sea un niño y el segundo es que le regales un peluche a unos futuros padres.

Por ende, si le estás regalando un peluche a tu novia, aún después de leer el artículo, entonces puedes caer preso por pedofilia o felicitaciones por el bebé.

No es romántico, es pavoso. Es como un anillo de promesa de compromiso (aquel que no es de compromiso sino que es un símbolo de un futuro rodilla-al-piso) pero peor, porque carga consigo una nota tierna tan creepy como hablar como un bebé con tu pareja.

Si le regalas ese oso vas a estar a un “te quelo musho” de un derrame mental.

La única manera en la que concibo regularmente romántico el gesto del peluche es que estés en una feria de condado gringa y en un juego de fuerza bruta, el niño o mujer fuerte de la relación haga exhibición de sus bíceps y gane un peluche para la otra persona.

Aún así, al dejar la feria de condado de Yahooville, la manera correcta de proseguir con la tenencia del animal sin vida es regalárselo a un niño que en la salida esté llorando porque no pudo ganarse uno.

Solo en ese caso y en esas específicas circunstancias es que regalar un peluche es tierno.

Lamento la nota odiosa de este 0800, pero es imperativo salvar al mundo del amor de esta conducta deplorable y limpiar el buen nombre de los románticos.

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