Énfasis en el ‘gorda’

Si alguien mantiene que Holmes es el detective con más renombre en el mundo; definitivamente no ha presenciado a una mujer frente al espejo justo antes de salir a la playa y a la exposición de sus imperfecciones ante el mundo.

Como una jaqueca mal curada, cualquier rastro de humanidad, evolución y crecimiento; tales como estrías, celulitis y rollos en lugares poco estratégicos, se convierten el enemigo de la mujer con ansias de reforzar su identidad a base de estereotipos solo dignos de Scarlett Johansson y el Photoshop.

Ver relacionados: 

Estoy harta de que no me quieran llamar gorda

Preguntas que nunca deberías hacerle a: las gordas

Si esto ocurre con la mujer promedio ante cualquier rayito de sol que se enfoque en su destello de realidad, imagínense lo que está pasando en los adentros de una gorda mientras las luces, las cámaras y la acción de su abdomen regordete está a la vista de fotógrafos, estilistas, modelos, maquilladores, diseñadores y cualquier ojo curioso que el flash de una cámara puede atraer.

Básicamente, un caos. O al menos eso fue lo que ocurrió la primera vez que modelé trajes de baño.

Para referencia visual, podemos apelar al infalible gif:

Aunque mi trayectoria en trajes de baño esté lejos de hacerle la competencia a la de Gigi Hadid o cualquiera del clan que definitivamente puede pertenecer al cast de Baywatch, he terminado en dos pasarelas y tres sesiones de fotos exclusivamente de trajes de baño.

Y soy gorda.

Por lo que, me guste o no, me he visto expuesta a una gran cantidad de atención en todas las imperfecciones que, para la salud mental de Anna Wintour, no deberían salir en una toma editorial de moda.

Y así es cómo sucede la cuestión, desde la perspectiva de una gorda ridículamente influenciada por Beyoncé: los primeros cinco minutos de la entrada triunfal cada centímetro de tu piel expuesta es demasiado susceptible a tus movimientos. Con esto entendemos, básicamente, que eres demasiado consciente de tu cuerpo como para mirar directamente a la cámara y respirar, al mismo tiempo.

Les miento, quizás dicho proceso dure menos de dos minutos; pero para una mujer gorda en traje de baño es un lapso infinito. 

Sin embargo, en mi limitada experiencia, me ha tocado aprender que no hay nada que una gorda no pueda fingir. 

Excepto el ser flaca, por supuesto. Dejemos de usar leggings para intentar probar lo contrario, por favor. 

Aunque la primera vez que posé incómodamente frente a una cámara no había entendido el poder del fake it till you make it, un par de muy malas fotos me enseñaron que, mientras el resto del mundo piense que no estás constantemente pensando en los rollos  misericordiosamente iluminados por tres luces y un flash, puede que comiences a sentirte más Beyoncé y menos Lindsay Lohan.

El resto es pan comido. 

No importa que estés frente a un grupo de personas apuntándote con luces y lanzando directrices mientras intentas mantener la posición de los pies, la pose de las manos, el ángulo de tu cuerpo, el ladeo de tu cuello y la mirada fija en el lente, o estés en la playa sintiéndote acomplejada porque no logras hacer las paces con tus inseguridades, la vida siempre es más sencilla cuando dejas de escuchar a las vocecitas irritables que quieren prohibirte disfrutar de la sal del mar y el frizz del cabello.

Una vez que silencias las voces que te recuerdan que no eres Beyoncé, hasta los leggings te pueden lucir (pero de nuevo, no lo intentes). 

E igual, cuando nada funciona y no puedes dejar de pensar en tus "imperfecciones", lo más recomendable es que poses con una empanada. Nadie sale mal con una de mechada en la mano.