Digo “una especie” para no perder mi sentido del yo posmoderno. Porque sí, quiero ser ella

Cuando uno es pequeño, siempre sueña con ser parecido a alguien demasiado exitoso y más que todo, feliz.

Yo nunca lo tuve verdaderamente definido. Más bien era una de esas niñitas que cambiaba la oración todas las semanas. “Cuando sea grande, quiero ser arqueóloga”, “cuando sea grande, quiero ser chef como Gordon Ramsey”, “cuando sea grande quiero ser como Rihanna”, “cuando sea grande, quiero ser Sofia Coppola”, y así sucesivamente.

Mi compañera Ainoa, fan del regaettón y de la comida "lenta", está clara de que cuando sea grande quiere ser Anthony Bourdain. Sí, quiere ser un hombre pero en su defensa, un hombre que viaja por el mundo y sabe cocinar y comer. 

Así que tuve que reflexionar para ponerme al día.

Lo pensé bien y me di cuenta que a medida que fui creciendo, hubo un momento en el que dejé de cambiar de opinión todas las semanas y empecé a hacerlo todos los meses, luego todos los años, hasta que se quedó así.

Este año, después de empaparme del extraño mundo de los negocios, la moda y el emprendimiento, los ciudadanos globales y "vamos a salvar al mundo dejando de comer gluten", me convencí de que cuando sea grande, quiero ser alguien que no se deje llevar por las estupideces ajenas. Yo quiero ser Linda Rodin. Primero porque en parte sigo siendo pequeña y aún vivo con mis papás (gracias, patria) y segundo porque Rodin es lo MÁXIMO.

Pero antes de seguir, ¿sabes quién es Linda Rodin? Te lo diré en solo tres oraciones.

Linda Rodin fundó una compañía (Rodin Olio Lusso) de cuidado de la piel y maquillaje a los 59 años y ahora es una marca de culto.

Linda Rodin ha trabajado como estilista de Madonna, Harper’s Bazaar (es editora), Victoria’s Secret, Vogue y más.

Linda Rodin tiene 68 años, tiene un estilo ESPECTACULAR y luce como una diosa sin creerse la última pepsicola del desierto.

Linda es una mujer que toda su vida había estado saltando de un lugar a otro, expatriada italiana, estudió en la Universidad de Nueva York, ha trabajado en galerías y se dedicó por un tiempo a la fotografía hasta que se dio cuenta que su verdadero talento residía en el buen gusta. Más específicamente en la ropa y el maquillaje.

Sin embargo a la edad en la que la mayoría de las personas deciden jubilarse y mudarse a un lugar tranquilo, Linda de arriesgó a lanzar su línea de cosméticos en contra de todos sus conocidos. La razón por la que es tan exitosa es porque su marca “Rodin” tiene como base aceites naturales y no tóxicos. Y que haya sido ella la emprendedora de un proyecto tan propio, y tan soñado por ella misma la convierte en mi ídolo.

Además hay dos cosas que no podré evitar copiar porque simplemente me parece genial.

1. Su increíble cabello largo y gris, como una Khaleesi madura y poderosa sacada de Game of Thrones.

2. Su incansable carácter de chama que no se conforma con nada. “¿Qué, estoy muy vieja para la gracia? Boom! Voy a sacar mi propia marca, b*tch”.

Ella es el perfecto ejemplo de que si quieres ser una súper mujer, siempre joven y con nadie más que un perro para lucir y sentirte flawless, solo tienes que echarle bol*s y pensar más allá de la burbujita, y lucir despampanante while you’re at it. Ese es el estilo Rodin.

Dicho esto, puedo confirmar que cuando crezca, quiero ser Linda Rodin. Y francamente, no creo que cambie mi oración en un buen tiempo.