Mi viaje de desenamoramiento de Lena Dunham - The Amaranta
No me tomó mucho tiempo, en realidad

Solo necesité un maratón de Girls para enamorarme perdidamente de Lena Dunham. He aquí el primer problema; pues, que me sintiera extrañamente identificada Hannah Horvath no tenía nada que ver con la persona que la interpretaba, en realidad.

Pero para darme algo de crédito, fuera de las cámaras, Lena también parecía un buen prospecto para celebrar.

Así que, si bien mi introducción a Lena no tuvo mucho que ver con ella realmente, el seguimiento que le di después a su carrera como artista, activista y persona, comenzó a hacerme preguntar, controversia tras controversia, en realidad qué tanto me gustaba Dunham en sí; la respuesta es: no mucho.

Lena Dunham: from hero to zero

En el momento en el que las matices pseudo-activistas de Lena Dunham comenzaron a convertirse en un grito de guerra constante, un argumento mal sustentado y declaraciones contra corriente sin ninguna finalidad más allá de rebelarse per sé, Lena se transformó en alguien francamente intolerable.

Aunque Hannah en Girls inicialmente parecía una cruenta crítica de sí misma, una parodia terriblemente consciente de ser una niña blanca privilegiada incapaz de entender las necesidades de los demás, con el tiempo el personaje coincidió con el mismo retrato de Dunham, ya que, de hecho, ella fue la creadora de Hannah, escrita e interpretada por su misma inspiración. A medida que la serie continuaba, Hannah se sentía menos como una parodia y más como un serio estudio del personaje; un terrible personaje, si nos preguntan.

Y aquí todo comenzó a confundirse. Si bien al principio el tono de Hannah se acercaba más a una crítica a este tipo de actitudes, una temporada más, y como espectadores empezamos a dudar si la creación de la protagonista era para alentar la personalidad intolerable de niña boba o para reírse de ella. O ambas cosas, en tal caso.

Hannah tenía pocos triunfos, se negaba a aprender de las lecciones y no había humillación lo suficientemente significativa como para resurgir su moral. Ella simplemente se convirtió en alguien molesto.

Tal como Lena Dunham.

Esto, sin embargo, no quiere decir que le reste su talento como escritora; porque sigo siendo fanática de esa faceta, pero sí quiero declararme culpable como vieja seguidora de sus propias líneas de pensamiento y su mal intento de feminismo. Porque mi “yo” ingenua, creía haber encontrado un nuevo ícono en ella.

Claro, no necesité más que un par de controversias, ridiculeces y notas de prensa carentes de sentido para desenamorarme de Lena.

Porque no hay nada que Lena Dunham haga, diga o señale que no termine con una disculpa pública: desde “desear haber abortado” hasta la falta de diversidad racial en Girls. Todo lo que tiene a Lena como sujeto en el título, tiende a ser un desastre social con más respuestas e interacción social de sus haters de la que debería; porque, mientras más titulares protagoniza, menos tiempo deberíamos invertir en ella.

Es decir, del 0 al “pienso que mi amigo no es un violador porque las víctimas a veces mienten por más de que siempre he dicho lo contrario”, ¿qué tan detestable puede llegar a ser? Ah sí, la última opción; el sistema de puntuación altamente científico nunca se equivoca.

Por lo que, aunque mi pasado como fanática de Lena Dunham sigue latente, porque uno tiene que cometer errores en la vida para aprender, con el largo historial de razones por las que el mundo odia a Lena, quien siga aplaudiendo los statements de la encarnación del white feminism necesita una dosis sentido común.

O quizás una rápida búsqueda en Google.