La diplomacia vacía en Venezuela - The Amaranta
‘Spoiler Alert’: en este país, también producimos cosas malas

Vivir bajo una dictadura mientras eres parte de una sociedad que valora las apariencias antes que la reflexión da como resultado un mal entendimiento de la democracia. O en otras palabras: que la gente crea que durante una conversación normal se tenga que contestar como la duquesa de Cambridge después de haber entrenado con un jefe de relaciones públicas, y que asocien el criticar algo con la forma más alta de irrespeto.

Lo ves cuando estás en privado hablando con un pana, preguntas algo inocuo como “¿qué te parece Grey’s Anatomy?”, solo para que te respondan algo humano como “es una novela, demasiado exagerada y sobreactuada” seguida de algo total y absolutamente innecesario como “pero, con todo el respeto, pues. Se nota que los actores le ponen muchas ganas y son buena gente. Además seguro lo hacen con mucho cariño. Yo no soy quien para juzgar”. Por un momento crees que tienes a Shonda Rhimes atrás y tu pana le había mandado currículum para ser el próximo novio de Meredith.

En algún momento se nos confundió la diplomacia vacía con el respeto. Las opiniones están tan curadas y obligadas a ser favorables que ya nadie dice nada. Lo poco que llega a salir está filtrado, limpio y desprovisto de cualquier cosa que pudo haberlo hecho interesante alguna vez.

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De la nada ser un buen venezolano implica que todo lo que comparte tu gentilicio es perfecto, olvídate de que tal vez pueda mejorarse o incluso que -Dios nos libre- sea malo. Todos nuestros músicos son perfectos, ninguno debería ir a clases de canto porque todos nacieron envueltos en un manto de perfección. Todos nuestros diseñadores de moda construyen única y exclusivamente piezas excelentes y bellas desde la primera vez que hicieron un patrón. Cada uno de nuestros comediantes es un diamante que hay que atesorar y execrado sea aquel que diga que tal vez necesitan más calle y dejar de jalarse bolas unos a otros.

Demasiada “paja”. Somos como Taylor Swift pensando que baila súper genial porque nadie se atreve a decirle que en realidad parece un pollo remojado tratando de saltar la cuerda. Es un ejercicio constante en mediocridad y soberbia. Como todo el mundo piensa que merece un documental en Netflix y nadie se atreve a decir lo contrario, apenas surge una pequeña crítica nadie es capaz de aceptarla. Estoy harta, porque, como cualquier país lleno de humanos, la verdad es que tenemos bandas que no son tan buenas, comediantes que hubiesen sido edgy en el 2000 pero que hoy son aburridos, y actores que no servirían ni para un comercial de radio. Quisiera poder decirlo libremente en conversaciones privadas sin tener que escuchar el rosario de “pero por lo menos lo intentan. Sabes a mí en realidad sí me gustan un poco porque bueno no son tan malos” y demás estupideces que no aportan nada a ninguna conversación. Está bien no pensar que todo lo venezolano es perfecto e inmaculado, no eres la reina Isabel, no tienes que mantener una apariencia de diplomacia eterna.