¿Es algo bueno o malo?

Algo extraño se produce en la atmósfera cuando admites que eres feminista.

En mi experiencia, se siente como lo más cercano a “salir del closet”, con la necesidad de justificar tu decisión y explicar con láminas de Power Point lo que realmente implica este estilo de vida; que por supuesto no incluye la exterminación de la raza masculina ni la proclamación del sexo femenino como divinidad y perfección en la tierra, pero a los ojos del mundo, las matices del feminismo siempre resaltarán el “odiar a los hombres” como lema internacional.

Aun cuando sé que los equivocados son otros y el término no tiene nada de malo, personalmente, intento agotar todos los recursos lingüísticos existentes para señalar que soy una feminista antes de tener que pronunciar la palabra como tal, porque en la sociedad que vivimos el perfil de una feminista es una mujer reprimida, sin afeitar, histérica, lesbiana y con una opinión negativa sobre todo lo opinablemente posible.

Así que para evitar ser encasillada por la connotación errada del término, y además ser víctima de la saciedad semántica, trato de gritarle al mundo por otros medios, memes de Facebook y demás, que soy feminista sin mencionar la palabra.

Sin embargo, esto no me ha salvado de los comentarios alusivos al feminzismo, después de todo, trabajo en una publicación digital feminista. Pero entre todas las cosas que me han dicho, solo una me dejó en el aire.

“Es que eres demasiado feminista”

(No olviden leerlo con tono juicioso y preludio chimbo de “en realidad te lo digo como una alerta para que te analices, pero no te ofendas”) 

Ok, antes de todo, evaluemos el “demasiado”.

Según Google, “demasiado” indica que “la acción denotada por el verbo se produce en una intensidad o grado mayor del necesario, del que se esperaba o del que se considera conveniente”.

Entonces, si sumamos dos más dos, ser “demasiado feminista” es:

  • Ser demasiado defensora de la igualdad.
  • Ser demasiado pro a la reivindicación de los derechos de la mujer.
  • Ser demasiado partidaria de la autonomía como vía para ambos sexos.
  • Ser demasiado adepta de que ambos géneros compartan las mismas condiciones, oportunidades y derechos.

Así que, según la materia gris del emisor del comentario, de hecho se puede ser “demasiado” de estos aspectos y usarlo como connotación negativa. Por lo que, dentro de mi raciocinio, no supe si defenderme o halagarme, así que solo me quedé ahí, esperando a que mis vellos crecieran demasiado, mi histeria apareciera y mi odio inaudible por los hombres creciera.

Hoy, meses después, sigo sin entender el comentario “constructivo” que un alma caritativa decidió regalarme como alarma para que iniciara mi proceso de introspección, pero al menos estoy más segura que nunca de que nadie en realidad tiene idea de qué c*rajo es el feminismo.