Margaritas Deshojadas: ‘¿y el anillo pa’ cuándo?’

Hace un par de semanas y por alguna razón ajena a mi voluntad, me encontré fascinada e incluso ilusionada viendo anillos de compromiso. Todo acerca de sus presentaciones, sus formas, materiales, costos y estilos hacían a mi vientre gritar de desesperación y a mi cerebro voltearme los ojos decepcionado.

Claro que ese fue solo el comienzo. Dentro de nada ya estaba viendo centros de mesa, diseñadores de vestido y hasta haciendo un quiz en BuzzFeed de cómo sería mi boda ideal. De broma no me senté a ver un episodio de Say Yes To The Dress. Sin embargo, al estar consciente de todo el show que acabo de presenciar y más que todo, admirar me sentí algo culpable. Y luego, me sentí culpable de sentirme culpable. ¿Tiene eso sentido?

Por un lado debemos cumplir con este estereotipo feminista de “nosotras no pensamos solo en boda y tener un esposo”, y por otro queremos tener un final feliz. El de algunas de nosotras implica tener el trabajo de nuestros sueños, un cuerpo de playa todo el año y sí, alguien a tu lado que te haya prometido estarlo por un buen rato. Yo no le veo nada de malo.

Lo que sí es desagradable es esa obsesión por todo el evento. Ya que por alguna razón se nos ha atribuido la desesperación por tener una boda y no un matrimonio, lo que en parte es cierto y lo sé porque mientras contemplaba este espectáculo de anillos, lunas de miel, vestidos, ramos y todo el coroto, tenía a una compañera de trabajo observándolo atenta junto a mi escritorio en la oficina, a veces nos quedamos sin cosas que hacer, y demostró la diferencia entre ella y yo.

La Comprometida, como la llamaré acá, tenía toda su boda planificada. Sabía exactamente a qué compañía de flores le haría los encargos, dónde y quién diseñaría su vestido de boda al estilo imperio, y sabía que sería a orillas de alguna playa en Margarita. Lo único que no tenía planificado era con quién se iba a casar, pero ese era otro asunto. Verán, la Comprometida es una mujer que no se ve sentando cabeza todavía. Es el tipo de amiga que si te ve dudando sobre con qué muchacho salir, ella te dirá que salgas con todos al mismo tiempo. Así es ella y que se asomara y compartiera conmigo mis sueños, me pareció de lo más irónico.

Sabía que eventualmente contraería matrimonio, pero ella no quería eso. Ella era feliz con la boda y ya, el resto era algo que su cabeza millennial aún no podía concebir.

Lo hablamos todo como si estuviéramos echando un chisme, compartiendo un secreto del que nadie podía enterarse. Porque qué horror que unas mujeres del siglo XXI solo consideraran soñar con una boda de Barbie. Solo a JLo se le ocurre casi rogar por un anillo de compromiso como el de Hailey Baldwin y Ariana Grande.

Soñar con casarse no tiene nada de malo, lo que está mal es olvidar lo que eso implica. No todo lo que dicen los quizzes de BuzzFeed es cierto.

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