Solo se necesitan dos mujeres trabajando juntas para que se prenda en llamas todo

Es probable que nos hayamos ganado una especie de fama por volvernos locas y desafiar las leyes de la lógica, la química y la física cada vez que nos enteramos que compartiremos el mismo espacio laboral que otra colega. La distinción es que esta otra colega también tiene una vagina, entonces en la cabeza de todo el mundo ese espacio será de repente complementado con chismes, drama y en fin, toda una telenovela.

No tengo moral para negar por completo esas teorías. Sería muy hipócrita de mi parte si ignorara por completo lo que he vivido trabajando entre mujeres. Porque lo cierto es que ha pasado de todo. Desde estar sincronizadas en nuestro período y sentirnos como en un campo de batalla, hasta ser el equipo más eficiente que supera a la CIA encontrando a Bin Laden.

Lo bueno es que aunque haya mucha gritería, nunca hubo ningún incendio y gracias al Señor, ningún muerto.

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Estas verdades eran ajenas a una amiga. Ella estaba a punto de entrar a un club de lectura donde todas las integrantes tenían el factor en común de ser mujeres y probar que tienen más de qué hablar que la marca de maquillaje que usan. La llamaremos "La Miedosa" y tenía un natural pánico de verse intimidada ante un grupo tan imponente. Pues un grupo femenino exclusivo suele despertar miradas curiosas, teorías biológicas y por supuesto miedos a lo novela de Stephen King.

Le había dicho que sus preocupaciones se disiparían al poco tiempo y que no se basara en fundamentos hasta haber convivido con todas por un tiempo. Claro que como buena amiga, no me escuchó y se hizo todas las ideas absurdas posibles: que le dedicarían más tiempo a comentar sus dramas personales que al libro seleccionado, que todas gritarían a cada rato, y que la mirarían feo por eso que llaman “competencia natural”.

En su primer día, ella esperaba una escena de zoológico con animales en celo a lo Mean Girls, pero en realidad se encontró con un grupo absolutamente competente cuyos análisis con respecto a Fahrenheit 451 podría compararse a una conferencia de literatos expertos. Cada comentario parecía sacado del The New York Times. Así que su asistencia aumentó su frecuencia. Fascinada, la Miedosa siempre me echaba el cuento de sus encuentros y de todo lo que hablaban.

Sin embargo, con el pasar del tiempo la confianza y la continuidad dieron paso a lo más profundo de la mente femenina: conversaciones de sexo, autoayuda, teorías apocalípticas, conspiraciones políticas y novios imbéciles. Todo dentro del académico y profesional conversatorio de un club de lectura. ¿Cómo la mujer es capaz de conocer tanto sobre tantos temas? Es algo que agarró desprevenida a La Miedosa, que sí tenía razones para temer estas agrupaciones. Las mujeres vivimos muchas cosas juntas, desde laborales hasta sentimentales y encasillarnos en un despelote es de pobres almas que cometen el pecado de subestimarnos.

No somos capaces de incendiar un edificio, sino el mundo entero. Y esa es la pura verdad.