Relaciones de madres e hijas que se parecen - The Amaranta
Pensó una mujer siempre

Si hay algo en lo que todas hemos pensado es en la inminente llegada de una característica maternal y ligeramente familiar en nosotras mismas. La mayoría de las veces incluso viene sin advertencia, de la nada nuestro mejor amigo nos dice “coye, te ríes igual que tu mamá”, o peor “ya sé de dónde vino lo mandona”. Entonces caemos en una especie de abismo existencial que nos obliga a preguntarnos sin terminaremos siendo una copia de ella.

Hay dos tipos de personas en este tema. Están las que adoran y admiran a su mamá, les hablan de sus novios, aventuras y experiencias alucinógenas y están las que se esfuerzan un montón en ser completamente opuestas. Si a ella le gusta la remolacha, nosotras la odiamos; si a ella le gusta leer, entonces nos dedicaremos al diseño gráfico. No es a propósito, pero la verdad es que uno nunca entiende enteramente qué pasa en una relación de madre e hija. Solo una cosa es clara: hay amor, del estilo que sea, pero lo hay.

Comprendí que no entendía nada de este tema cuando conocí a la mamá de mi amiga, la Consentida. En realidad la odiaba, era la amiga fantasma que nunca iba a ninguna parte porque “su mamá no la dejaba”. En el colegio era normal, en bachillerato era justificable, pero en la universidad ya era patético. Sin embargo, muchas de nosotras de vez en cuando nos conformábamos con ir a su casa, cenar y ver películas allá.

Su madre no nos prestaba mucha atención, no más que un “hola” y un ocasional “¿tienen hambre?”. Supongo que también influía el factor “cerremos la puerta que me da pena que tu mamá escuche mis groserías”.

Una mañana, necesitaba madrugar (a eso le decía levantarme antes de las 10:00 a.m. un sábado para ir a la boda de unos tíos) y me encontré a la mamá de la Consentida haciendo café. Ahí estaba, la mujer que prohibía a una de mis mejores amigas del colegio salir y vivir su vida como quería. Solo que de pronto me di cuenta de que nada de lo que creía era cierto. Ella, muy amable me ofreció una taza y me dijo que si quería panquecas, podía comerlas con un poco de sirope y crema batida que habían comprado. Por muy cuchi que fuera, le seguía teniendo resentimiento.

Se sentó conmigo a acompañarme a comer porque las demás del grupo aún estaban a años de sentir la necesidad de despertarse. “La boda es al mediodía”, dije y a partir de ese momento se esforzó mucho en seguirme sacando conversación. A lo largo de la hora que se me fugó hablando con la mamá de mi amiga, descubrí que en realidad ella no tenía mucha voz con respecto a donde la Consentida decidía salir o no. Más bien lo contrario, cada vez que recibía la invitación de una fiesta o algo típico de niñas de quince años (un plan de cine, para entonces era ya muy aburrido), ella no quería ir. Mi acompañante solo decía que su hija en realidad prefería quedarse hablando con su mamá, que era a diferencia de mí, su mejor amiga.

Qué cosa más extraña. En esa ocasión solo veía a una mamá como un personaje que te cura cuando estás enferma, te regaña cuando haces algo incorrecto o solo te dice “¿vas a salir así?” cuando te ve muy orgullosa de ti misma. Nada menos y nada más. Sí, era una niña un tanto idiota. Pero en ese momento comprendí que la Consentida solo decía eso como excusa predilecta, nadie suele insistir una vez que comentas la última decisión de un padre.

Sin embargo, ella era una persona que al parecer no conocía muy bien, o al menos ignoraba en ciertos aspectos. Al final terminé conociendo mejor a mi amiga a través de su mamá. Vi en ella su dulzura, lo tímida que era y la necesidad de defender a quien lo merecía. Tuve que irme antes de que la hija de esa señora despertara, pero la próxima vez que la vi en clase, no pude evitar preguntarle por qué no me había dicho que todas esas noches de fiesta prefería quedarse con su mamá. Y después de un instante de duda, ella dijo que porque las dos se entienden más de lo que nosotras la entendíamos a ella. “Todos deberíamos querer parecernos a las personas que más admiramos, solo que en mi caso es mi mamá”.

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