Margaritas Deshojadas: ‘haciendo las paces’ - The Amaranta
Rollos hipotéticos para soluciones reales

Antes de iniciar una nueva relación es necesaria hacer una purga dentro de nuestra cabeza y en nuestro corazón. Seguro se imaginan algo así como un ritual de brujas en el que un grupo de mujeres se reúnen desnudas frente a una hoguera en el medio del bosque para quemar todos esos suéteres que no devolvimos, esas entradas de cine que ya usamos y esos regalos que nos llegaron a hartar. Todo quemándose en las llamas de nuestro despecho. No es exactamente así, pero se parece mucho.

En realidad haríamos eso, pero la cuestión de la locación es un problema. No cuadra provocar una hoguera en el jardín de una casa y han pasado cosas malas por intentarlo en el Ávila. Entonces nos conformamos con adaptarnos a un método imaginario, introspectivo e individual. Si queremos arriesgarnos una vez más con una nueva persona y hundirnos en el mar sin retorno de los sentimientos, hay que mirar atrás y hacer las paces para no ahogarnos como unas idiotas en esa aventura. Pues los resultados podrían ser devastadores.

La primera en aplicar este método fue a una amiga que llamaremos la Despechada. Y antes de tener la milagrosa ocurrencia padecía constantemente de mal de amores, sin realmente amar a ninguno de sus amantes, pero sufriendo su despedida como si hubiese estado comprometida con cada uno de ellos. Así que imagínense, era desastre tras desastre. Un día conoció a un tipo que le dio miedo, ese espanto causado por una estúpida persona, que con todos sus defectos, errores y extrañezas logra gustarnos tanto.

Las primeras veces había jurado que era culpa de su mala elección de pretendientes, niños y adolescentes sin ambiciones ni sentido común, luego acusó al destino por no querer que ella fuese feliz a pesar de sus constantes ataques de celos y miedo a comprometerse; hasta que finalmente lo reconoció. Era ella la culpable de todas su corazón ya machucado y quebradizo.

Entonces pautó diariamente una cita en su mente con cada uno de sus ex novios, los malos, los más o menos y por último, los mejores. Durante meditaciones ella asistió a un pequeño rincón en su cabeza para hacer las paces no solo con los fantasmas de sus relaciones pasadas sino con ella misma. Todo para saber qué responder a la más reciente propuesta de su actual pretendiente: “¿Quieres ser mi novia?”.

La Despechada se encontró con el novio #1 y le explicó lo mal que la hizo sentir el hecho de que después de que le terminara haya salido corriendo a la mitad de la calle. Luego, al encontrarse con el novio #2 manifestó la baja autoestima que le provocó el hecho de que él señalara con frecuencia y sin falta las pepas que le salían en la cara; y después de unos míseros encuentros con los novios #3 y #4 que le montaron cachos...entre ellos y los más intensos sin duda fueron los #5 y #6, quienes la amaban mucho, pero nunca pudieron satisfacerla por su miedo a ser herida que tan grande era que llegó a hacerles daño a ellos.

Fue un método rudo, lleno de sentimientos encontrados y sin duda nostálgico como una película de adolescentes de los ochenta. Sin embargo cuando por fin se encontró frente al potencial novio #7, ella supo que todo ese viaje había llegado a una conclusión: no estaba lista aún. Claro que la decepción fue enorme, pero a veces las decepciones son necesarias y llevan a lugares mejores que a los que apostábamos.

La Despechada decidió entonces emprender un viaje de mochilera por todo Estados Unidos junto a su hermano y su prima para poder desprenderse de todo ese peso que se había impuesto en nombre del amor. Cambió un par de veces su peinado, tuvo unos cuantos romances, incluso con chicas porque “la vida es muy corta para decir que no” y encontró placer en las acuarelas, convirtiéndose así en la artista de varios libros ilustrados para niños.

Y si se preguntan si tuvo un final feliz con alguien, pues el destino la recompensó cuando conoció a un chef italiano y ahora viven en una villa en las Islas Griegas. Es por eso que todas las aprendices de su método lo aplicamos para no solo soltar los corazones rotos que cargamos en el camino, sino para también encontrar un europeo rico que sepa hacer algo más que cereal y parezca salido de una publicidad de perfumes de Dolce & Gabbana.

Todo sea en nombre de la paz interior.

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