Mujeres en pijama - The Amaranta
No hay nada que aumente más la libido que las sudaderas con monos y medias de colores

No sé qué es más incómodo, ¿que te manden una dick pick no solicitada o que alguien te pida una foto mientras estás en pijamas, un moño y la cara más grasosa que olla de McDonald’s? Supongo que la primera, sin embargo la segunda (a diferencia de la dick pick) nos hace dudar de nuestra sensualidad más de lo que nos gusta admitir.

Y eso simplemente es una tragedia.

Nada debería hacernos dudar de lo sexy que nos vemos, y mucho menos algo tan cómodo y adorado por nosotras como lo es la pijama. La pijama se respeta y el novio que nos quiera fuera de ellas para meternos en unos incómodos jeans, sostén, camisa y tacones, pues que se vaya a la m*erda.

Lo que nos lleva a la siguiente conclusión: las pijamas son sexys. Y no me refiero a esas cosas que hace Victoria’s Secret, que hicieron un mix extraño entre ropa interior y ropa para dormir. Me refiero al milagro de Fru Fru que logran convertir unas pantuflas rosadas y unos monos anchos en lo más sensual del mundo.

Cabe destacar que sé que no soy la única en tener esa certeza. Millones de mujeres en el mundo marcharían conmigo en pijama para apoyar esta noble causa, porque nada es más importante que eso. “¿Para qué defender a los refugiados cuando podemos enfocarnos en prohibir el uso de pijamas?” es lo que piensan los hombres a veces. Estamos claras en la vida.

Lo digo porque en verdad ya todo esto pasó. Resulta que en un pequeño pueblo de Francia, al límite con Genovia, un grupo de chamas que llamaremos “Las Empijamadas” estaban haciendo una pijamada en casa de una de ellas. De pronto vino un amigo del colegio que sabía que estaban haciendo una de estas reuniones y pensó que estaban todas en ropa interior.

Cuando vio que de hecho estaban todas con suéter, monos, colas, sin maquillaje y comiendo comida china y chucherías, les empezó a gritar “Buuu” por haber arruinado su fantasía. Desde entonces, todos los niños comenzaron a gritarles “buuu” como por dos semanas mientras estaban reunidas.

Así que intentaron convocar una protesta en su cuadra para defender la belleza de las pijamas. Fue tan fuerte que comenzaron a ir en pijamas a clases, a bailes escolares y hasta a clubes nocturnos. Las pijamas fueron un hit en ese pueblo, pero toda la gracia acabó cuando el papá de uno de esos niños imbéciles, que era el alcalde, abolió el uso de las pijamas fuera del ámbito hogareño. Esto dejó indignadas a “Las Empijamadas”, así que una de ellas le pidió apoyo a su tía que vivía en Estados Unidos para que regara el rumor sobre la sensualidad de las pijamas.

Lamentablemente, todo el círculo de amigas de su tía (que era considerablemente joven) estaba lleno de estudiantes universitarias agotadas. Que mal que bien, terminaron apoyando la causa yendo a clases en pijamas y a actividades en el campus con pantuflas. Y esa fue la costumbre que nos llegó hasta nuestros días.

Lo bueno es que el propósito sigue siendo el mismo, lo malo es que se pueda confundir la sensualidad con el fastidio de arreglarse.

Nos quedaremos con el beneficio de la duda, porque es más cómodo que usar un sostén.