Margaritas Deshojadas: 'somos unas pornstars' - The Amaranta
Quítate, Mia Khalifa

La verdad es que cuando se trata de géneros y de sexo, al principio siempre nos creamos una película mental en la que la otra persona de broma no trabaja para Cirque Du Soleil haciendo todas las posiciones, acrobacias y saltos imaginables. Sin embargo, creo que en este escenario, la imaginación puede ser un arma de doble filo, no, mejor cinco filos porque duele más desilusionarse.

Pasa con todos, hombres y mujeres. Nosotras fantaseamos con una especie de Tarzán que nos haga gritar por toda la selva y ellos con una bailarina que se dobla como uno de esos lápices flexibles que todos teníamos en primaria. O mejor, ellos sueñan con una estrella del porno, sin duda más sucia y experimentada que una bailarina. Solo que a diferencia de ellos, nosotras aterrizamos a la realidad más rápido: todo el mundo tiene habilidades distintas.

Ellos no.

No es suficiente con divertirse, saltar cientos de veces y experimentar. No, ellos nos han hecho creer que una mujer explotada, con gemidos súper falsos y comentarios exagerados durante el sexo, es la regla. Supongo que aún les da miedo aceptar que esas mujeres que tanto admiran, son eso: actrices. Si de verdad tuvieran la mitad de orgasmos que fingen, nunca se retirarían.

Una amiga mía una vez hizo el experimento. ¿Qué pasaría si se convirtiera en la misma Mia Khalifa por una noche? Ya tenía tiempo saliendo con un muchacho y le pareció divertido aplicar una teoría que desarrollamos un día mientras tomábamos café en la universidad. Fue más bien una apuesta. ¿Nos atreveríamos? “Yo sí, dijo mi amiga, y apuesto a que no le gustaría para nada”.

No supe por qué arriesgaría una potencial relación con un chamo que le gustaba por una apuesta. Así que le pregunté qué tenía en la cabeza para tomar en serio una apuesta tan ridícula. Y ella me respondió que era porque él le había dicho “no creo que aguantes”. De inmediato, la apoyé en su experimento.

Eso fue un miércoles, lo sé porque nos comentó su plan de ir a un hotel el viernes en la noche y llegarse con todos los detalles del cuento el lunes en la mañana. Entonces, esperamos.

Vino el lunes y no podía aguantar de la risa con cada palabra que brotaba de su boca. Su cuento comenzó con muchas promesas de él y fantasías de que ella pudiese tomar la batuta del “asunto”. Así que comenzaron. Gritos, gritos, gemidos, acrobacias, 17 posiciones distintas y una hora y media pasó y ella seguía (según, había fingido ya dos orgasmos), pero él se asustaba y perdía la resistencia cada vez más. Se hacía débil hasta que ya no pudo más.

“No me digas que ahora eres tú el que no aguanta”. Claro que el chamo se molestó y no volvió a escribirle más. Sin embargo, nosotras nos fuimos ese día de la universidad reflexionando. ¿A eso se resume todo? Si la gente pide más de lo que pueden ofrecer, a dónde iremos a parar.

Las expectativas del porno, al igual que las recetas de comida de Tasty, hacen de la felicidad algo más difícil.

Ver relacionados:

Margaritas Deshojadas: 'no sé, lo que quieras comer tú'

Margaritas Deshojadas: 'cualquier v*ina'

Margaritas Deshojadas: 'Mi status lo dice todo'