Margaritas Deshojadas: ‘Sabemos cómo limpiar una mancha’

Margaritas Deshojadas: ‘Sabemos cómo limpiar una mancha’

Honestamente no sé qué piensa la gente al momento en el que una bebida se derrama en una rumba. ¿Acaso piensan que todas las mujeres presentes se pelean telepáticamente por ver quién quita la mancha de ron con Coca Cola de la alfombra primero?, o ¿que los tipos en cuanto huelen un mancha salen corriendo despavoridos?

“Ana (o cualquier otro nombre de mujer), ayúdame a limpiar esta vaina aquí, ¿sí?”. Lo cómico es que Ana probablemente sepa cómo limpiar esa condenada bebida derramada, pero ¿por qué? No es que seamos empleadas de nadie pero la parte que decido aceptar de la situación es que limpiar cualquier tontería requiere un mínimo de responsabilidad y algo cósmico, telepático e intergaláctico afirma que nosotras somos las adecuadas para el trabajo.

Pero, ¿qué pasa si les digo que todo esto es el resultado del arduo estudio de un grupo de tipos? Todos malvados y conscientes de que solo hace falta una cosa para condenar a todas las mujeres en las fiestas.

Es una historia que me contó una vez una Ana molesta mientras limpiaba una salsa rosada que se había caído desde un tequeño de una muerta de hambre que vio en la salsa el elixir de la vida. Y Ana ni siquiera tenía idea de qué hacer, solo restregaba desinfectante y soda en la alfombra blanca con mancha rosada.

Se trata de todos los creadores de los desinfectantes, todos hombres con penes y listos para jod*r. Tal como pasó con nuestro maquillaje y el molesto soporte de nuestros pechos, ideas de tipos que se cansaron de ver libres a las mujeres. Porque ahora sí tienen (o algo así) la libertad de maquillarse o no como les provoque, o usar sostén o no, pero el “límpiame esto aquí, porfa” será difícil de quitárnoslo de encima si no involucramos alguna grosería de por medio.

Resulta que el líder de este grupo de hombres, un Stephen, seguramente, quería dejar de de preocuparse por llevar gente a sus fiestas en su apartamento de soltero. No tenía novia y además le daba pena hablar con las mujeres. Así que pensó: ¿cómo hago para que quieran limpiar las bebidas derramadas sin pedírselo?

Eso hizo que nacieran los desinfectantes con olor a flores, a lavanda, a vainilla,a chocolate y hasta de bebé. Los pañitos de colores y hasta de fragancias, todo químicamente diseñado para una persona con olfato que casi siempre involucra a la población femenina. Porque nuestros novios nunca notan cuando cambiamos de perfume.

El tal Stephen fue un tipo de mediados de los setenta, una leyenda urbana que selectas Anas conocen y odian con toda su alma. Yo también odio a Stephen porque siempre quiero terminar ayudando al dueño de la casa a recoger la madrugada después de una rumba.

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