Margaritas Deshojadas: ‘Ponle pausa a tu jueguito un momento’

Margaritas Deshojadas: ‘Ponle pausa a tu jueguito un momento’

Por alguna razón, los hombres se apropiaron de dos cosas hace muchísimo tiempo: de los deportes y de los videojuegos. Ellos los empezaron a practicar con la condición de que nosotras no teníamos la fuerza o la inteligencia para formar parte de este mundo, pero en realidad fue así porque nos fue prohibido.

Sin embargo, ya nos cansamos de la guachafita.

Muchos piensan que la única actividad en la que disfrutamos estar pegadas por horas a la pantalla de la computadora involucraba a Julia Roberts o Rachel McAdams sufriendo por algún malintenso mujeriego. Pero no es así y aunque yo no sea ninguna de estas tres mujeres (la que juega, la que llora por las romcoms o la que hace ambas) siempre supe que la que hacía de todo era más que un mito de ensueño de los babosos que les gusta los videojuegos pensando que es solo de ellos.

Una mujer de ensueño, además de cantar el tema de Evangelion, saber jugar con todos los campeones de Paladins y hacer streaming de juegos en vivo de League of Legends también tienen que amarlos y cumplir con sus expectativas lady like. Es decir estar todas depiladitas y no tener rastro comestible en su cabello después de estar horas pegadas jugando con ellos en línea.

Eso me recuerda a lo que mi mejor amiga hizo una vez. A ella sí la conocí directamente y no a través de un amigo del suegro de otro amigo que me contó que se acordaba de una chama que estudió con la hija de una vecina que conoció por Facebook. O eso recuerdo.

El hecho es que durante una partida de un juego que no mencionaré porque “no sabríamos de qué trata”, o la verdad es que yo no lo entendí; ahí un grupo de mujeres formaba parte del equipo que casualmente eran puros hombres. Al más baboso y desesperado, se le ocurrió hacer la apuesta de que si ganaban ellos, tendrían que conocerlas (esperando coronar en algún sentido) para brindarles una cerveza. Por suerte todos estaban en la misma región de Venezuela y no tendría por qué decir que no. Ellas por supuesto se enfrentaron a su equipo con más esfuerzo porque qué fastidio conocer a un grupo de babosos que ellas imaginaban muy geek sin la parte atractiva.

Después de la tercera partida que los desempató, ellos habían ganado en la raya y como las apuestas son sagradas, fueron a conocerlas. Se encontraron en un bar en Altamira y al encontrarse sus expectativas les dieron un coñ*zo en la cara.

Ellas eran bonitas y bien arregladas, sin ningún detalle que las hiciera diferente de cualquier otra chama en el bar. Ellos hace tiempo que no veían la luz del día y decidieron salir ese día que pensaron que una mujer a la que le gustaba jugar, podía estar a su alcance. Pero al ver que por jugar seguían siendo mujeres, salieron despavoridos a pedirle consejos a sus mamás.

“Agarren calle” les dijo su mamá a todos .Porque nada tiene que ver si te gustan los juegos, los deportes o los libros, lo que te hace pend*jo es que creer que eso te hace diferente o mejor que los demás.

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