Margaritas Deshojadas: ‘No c*gamos flores’

Margaritas Deshojadas: ‘No c*gamos flores’

Últimamente he tenido la idea de que las necesidades básicas de cualquier persona, para la mujer son más bien privilegios. Su condición de humana parece no ser suficiente. Pues si un hombre se acomoda con toda confianza todos sus aparatos, bolas y perinolas a la vista de todo el mundo; entonces la mujer tiene que esperar a que nadie la vea para sacarse la pantaleta de entre las nalgas. Dios la proteja de que ningún sádico y señora mayor la vea hacerlo porque sino no se salva de la lista de adjetivos correspondientes.

Imagínense cuando se trata de eructar, ir hacer pupú o hasta tirarse peos. O perdón: tener gases e ir al baño. Todo eso suena como una grosería saliendo de la boca de una mujer. Blasfemia tras blasfemia.

Las mujeres también hemos sido cómplices de este tabú. Diciendo cosas como “yo no hablo de esas cosas, asco”, o “yo me tiro de peitos de princesa”. Pues amiga, serán de princesa Fiona porque hasta que yo sepa, ningún humano con sangre circulando y corazón latiendo se salva de visitar la poceta todos los días. El mismo regaño va para esos hombres que no pueden imaginar a una mujer en ese trono porque sino toda su vida se les va para abajo.

Uno incluso tiene que esperar años en la relación para sentirse en la libertad de tirarse un peo sin que una cara de deshonra ocupe el rostro de tu novio. Te lo digo yo. Entonces nosotras ni lavamos ni prestamos la batea. Pero ellos tampoco.

Alguna vez habré escuchado a alguna mujer decir “es que yo cago flores” y me pareció de lo más cómico. En esta oración no niega la culpabilidad de realizar tal acción como cagar, pero señala toda su feminidad en el acto al manifestar que son flores. Además, ¿cómo sería cagar flores? Supongo que será como una especie de mito entre los hombres del siglo XV, en que todas las mujeres parecían de porcelana y se quedaban regañadas en su casa para lavar y criar niños.

Si lo pensamos bien, entonces todas estas mujeres sufrían la madre de la constipación en invierno y tenían una diarrea colectiva en primavera. “Mira, oh esposo mío, todas las flores que cagué”. Así se vengaban de ellos para darle el padre de las congestiones nasales y las alergias.

Es una historia bonita pero no es la realidad. O tal vez se dieron cuenta que vengarse con flores no estaba bien pensado y la evolución les quitó el poder de hacerlo. No obstante, la verdad actual es que como cualquier otro ser humano, hacemos pupú, nos tiramos peos, eructamos y vomitamos. Y te aseguro que no hay flores en ninguna parte.

Tal vez podridas, en mal estado, y con mucha porquería adornando el olor.

Pero el hecho es que no debería por qué ser malo. Tal vez hablar de eso es como hablar de cucarachas mientras comes, a algunos les molesta y a otros no; pero poner cara de asco por el simple hecho de que tu novia o un “culito” te diga que cometió cualquiera de estos actos es de idiotas.

Lo único que le atribuyo a este tabú es que le dan la oportunidad a la intimidad de ser apreciada en otro nivel. Porque si somos honestas, uno tampoco se tira un peo con cualquiera. Aunque no sea una flor, significa mucho más amor que una rama cortada.

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