Nos manifestamos a través de las redes sociales para buscar atención

El fácil acceso que nuestra generación (y las venideras) tiene a las redes sociales resultó ser una perdición. Nuestro perfil se convirtió en un vórtice de malas decisiones que atrae todo tipo de curiosos con la ilusión de no ser los únicos haciendo estupideces con esta renovable oportunidad de c*garla.

Quisiera decir que a veces se nos va de las manos. Sin embargo es algo que pasa casi siempre. Todo puede transformarse en una punta para nuestro ex, un guiño hacia ese jefe que nos despidió o incluso inspirado por cualquier huracán personal por el que estemos pasando. Todo es transparente como el vestido de Kendall Jenner de la Met Gala antepasada. Y todo se sabe si prestas atención.

Es por eso que las personas vulnerables y hasta débiles, utilizan este vórtice para contarle al mundo sus desdichas, desesperadas por atención.

Yo fui una de esas personas débiles. En mi primera pelea, con mi primer novio en la vida, cometí el error de manifestarlo mediáticamente con la intención de que él supiera que me había roto el corazón. No obstante, la única que respondió a este grito infantil fue mi prima que de broma no me conoce más que mi mamá.

¿Te peleaste con Manuel, verdad?, me escribió por Whatsapp.

Por supuesto que fue entonces que me enteré de toda esta tendencia milenaria de borrar fotos, bloquear gente, poner estados con puntas y literal todos los recursos que te ofrecen las redes para expresar una angustia muy patética.

Pero gracias al destino, llegó la hija de la hermana de mi mamá a salvarme del infierno. Me contó una historia de quien fue su mejor amiga. Resulta que fue la primera en adoptar este tipo de actitud de niñita malcriada. Pero por ser la primogénita, la pagó por todos nosotros. Como una especie de Jesús de la malcriadez de los status.

Todo comenzó cuando había sido ignorada por el chamo que le gustaba. Había salido una sola vez y la Malcriada, como la llamaremos, estaba desolada por esa falta de interés del pobre hombre. ¿Quién en su sano juicio se calaría una malintensa que publica una foto de los dos en su primera cita? “Con mi persona especial”, decía el caption. Él se salvó, pero ella no.

Su primera reacción al darse cuenta que nunca le contestaría, fue un bloqueo ordinario de todas las redes sociales. Sin embargo, en ese momento algo extraño ocurrió. Se le empezó a encoger el cabello. Pero estaba tan ensimismada en su pataleta de chat que no se dio cuenta. Luego quitó su foto de perfil. Al mismo tiempo, las tetas de la Malcriada se fueron reduciendo en tamaño hasta lucir como dos picadas de mosquitos.

Por supuesto que le siguió un status corta venas de Marilyn Monroe:

“A wise girl kisses but doesn't love, listens but doesn't believe, and leaves before she is left”.

Cuando hizo esto se encogió tan rápido que le fue imposible sostener su teléfono. Se había convertido en la niñita malcriada que tanto se manifestaba en su perfil. Sus padres se tardaron en entender lo que había sucedido. Fue gracias a mi prima que le explicó toda la situación una vez que conectó todas las pistas dejadas por la Malcriada “adulta”.

Perdió clases, necesitó permiso para el trabajo y por supuesto requirió tiempo para madurar y convertirse en adulta. Desde que mi prima me echó este cuento, yo más nunca cometí este pecado, se convirtió en mi coco personal.

Una lección muy a lo Benjamin Button que nos enseña que todas esas malcriadeces te muestras y te convierten en un niñito, estúpido y ridículo. 

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