Margaritas Deshojadas: ¿llorar o no llorar?

Margaritas Deshojadas: ¿llorar o no llorar?

Dicen que uno mujer que no llora no es mujer, y que un hombre que sí lo hace no podría estar más alejado de su masculinidad. Cuánta p*ja en una afirmación. Supongo que ha sido siempre más fácil generalizar y dividir todas las capacidades del ser humano entre esos géneros. Algo así como una especie de rifa antes de toda de civilización.

“Ok, entonces tú puedes llorar, pero tú solo puedes echar golpes a lo loco. Tú eres rosada y delicada y tú eres azul y agresivo. Bye, fin de la rifa”.

Lamentablemente para cumplir ese tipo de exigencia no se puede tener una mínima cantidad de humanidad porque sino dejan de aplicarse.

Eso pasa con la mujer y las lágrimas. La cultura pop los ha engañando a todos y los han hecho pensar que los mejores amigos de las mujeres, además de ser los diamantes, son las lágrimas y casi siempre de cocodrilo (estos llantos con intenciones manipuladoras).

Al parecer nos encanta llorar en las películas, incluso en las de comedia, cuando estamos estresadas, cuando estamos felices, cuando estamos despechadas, en cualquier situación y cualquier lugar siempre necesitamos ver a una mujer que llora. De lo contrario, es fría como el hielo.

Sin embargo hay cosas que todavía no están claras sobre llorar. Si lo hacen las mujeres, ¿entonces es algo de débiles? ¿Llorar es algo que nos identifica como seres más sensibles de lo normal y por lo tanto menos capaces de enfrentar presión?

Estas dudas las tenía una amiga cuando era muy pequeña, cuando las exigencias de roles parecen ficción y la vida de adultos una película de terror. Su abuela le estaba contando la historia de “La Llorona” como parte de esas excusas que le dicen a los niños para que no se porten mal, o para que no se pongan a inventar tan tarde en la noche y crean que hay algo que los observa. Es un leyenda famosa y típica dentro de Hispanoamérica que justifica a una mujer o una especie de fantasma que llora en los caminos solo y en encrucijadas por sus hijos.

Esta historia impactó mucho a mi amiga, vamos a llamarla “La Insensible”, y no pudo creer cómo una mujer puede pasar toda una eternidad llorando, más que todo por show porque sabe que no puede recuperar a sus hijos. Entonces creció viviendo bajo una filosofía en la que cualquier tipo de lloradera es una pérdida de tiempo, algunos pueden encontrar consuelo en las lágrimas pero La Insensible simplemente encontraba consuelo en resolver ese problema más que en lamentarse de que se hubiese presentado en primer lugar.

Los mismo le decían sus novios cuando tenían una discusión o cuando se le moría un pariente lejano: “llorar no te quitará lo desgraciado”, o “llorar no lo devolverá a la vida”. Sentía que eso de llorar, era como un ejercicio frecuente que podía desgastarte pero no te marcaría el abdomen ni te pondrá más firmes las nalgas. Solo sufres y ya, y eso es algo que no era necesario para ella.

Nunca vi a mi amiga llorar. Solo una vez cuando fuimos a sus casa por su cumpleaños, su abuela nos contó que La Insensible solo había llorado una vez en su vida, y que al parecer lloró tanto que las lágrimas se secaron de su cuerpo. Fue hace dos años, cuando por fin su mamá le había regalado sus “estrenos de diciembre” (de cuando se podía). Ella había pedido unos pantalones y llevaba esperándolos varias semanas, pero cuando le llegó no les quedaba.

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Porque algunas mujeres seremos muy secas, pero cómo duele que un pantalón te deje de quedar. Su abuela no dejó de llamarla La Llorona en toda la noche.

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