Margaritas Deshojadas: ‘El largo de mi cabello define el de mi feminidad’

Margaritas Deshojadas: ‘El largo de mi cabello define el de mi feminidad’

Una vez tenía el cabello tan largo, que me aburrí y me lo corté como un hombre. Eso no es ficción sino lo que pasa cuando llegas a los 17 y estás demasiado aburrida. Sin embargo, por alguna razón, me sentí más femenina que nunca, esto era lo contrario a lo que pensaba mi papá quien había dicho que por fin llegó el niño que tanto quiso.

Eso fue un ruido que me aturdió todo el tiempo en el que mi cabello no podía alcanzarme los hombros. Así que en uno de mis viajes a la peluquería, una señora, que a mi parecer había estado oliendo demasiado cabello quemado en toda su vida, comenzó a echarme un cuento que francamente pude haber vivido sin saber. Pero me ayudó a apreciar lo “corto de mi feminidad”.

Se trataba de una mujer cuyo nombre no me acuerdo realmente. Al parecer era la abuela de esta señora a quien llamaremos “La Greñúa”. Resulta que ella nunca se cortó el cabello, de hecho nunca se lo tocaba a menos que fuera para peinarlo o acariciarlo de vez en cuando, pues su cabello había sido dejado a su voluntad por tanto tiempo que se desenrredaba, se recortaba y hasta hacía ligeros cambios en el color de vez en cuando. Una máquina soñada en la cabeza, prácticamente.

Un día entonces, a “La Greñúa” la estaban obligando a casarse con un tipo todo gordo, feo y grosero, claro que el carácter fuerte de la abuela de esta señora no quiso calarse ninguna imponencia de su familia y mucho menos para unirse de por vida a un p*ndejo. Así que durante la boda del que ella prentendía escapar, sus greñas que estaban largas hasta la rodilla se desataron de ese incómodo moño de boda y le dio una sola cachetada a su prometido. Quedó tan idiotizado que le dio a “La Greñúa” la oportunidad de huir.

Entonces sus cabellos apartaron a todos los que intentaban bloquear su paso y salió despavorida a la selva. Donde su cabello y “signo de feminidad” la protegió en contra de las enfermedad y las bestias salvajes. Al pasar el tiempo, ella decidió que era momento de volver a la civilización, así que fue a una ciudad donde los hombres quedaban encantados con el cabello de “La Greñúa”, entonces viendo el efecto que causaba, se lo cortó para evitar el mismo destino del que había huido.

Cuando pasó eso, solo un hombre la siguió adorando sin cabello. Y ese se convirtió en el abuelo de la señora loca que estaba sentada al lado de mí en la peluquería.

Supongo que ya sabemos a quién podemos echarle la culpa de tan actual desdeño por el cabello corto en manos de una mujer, pero al menos tenemos claro que solo los que valen la pena se fijan en él y nuestra felicidad en cualquiera de sus cortes.