Los Miserials: ‘Se chancea en persona, no por teléfono’

Los Miserials: ‘Se chancea en persona, no por teléfono’

Según un estudio publicado por la Apple, el animal salvaje entre 18 y 38 años llamado millennial utiliza su teléfono inteligente aproximadamente por cinco horas al día.

Cinco horas viendo a la pantalla.

Cinco horas dándole scroll a las fotos de tu ex novio.

Cinco horas viendo videos de reggaetón en YouTube.

Como buenos jóvenes incomprendidos del siglo XXI, más allá de utilizar los celulares para trabajar, estudiar y comunicarnos con nuestras amigas que viven en otro país, pasamos mucho más tiempo del necesario ejerciendo nuestra labor favorita: el arte de la procrastinación.

Como un anciano que necesita su bombona de oxígeno para respirar, creamos una dependencia por el teléfono a un nivel que si salimos sin él, nos sentimos prácticamente desnudos e incomunicados del mundo digital.

Y como ya todos sabemos que esta maravillosa columna fue creada para criticar todo lo incorrecto que significa ser de este nuevo milenio, aquí vamos con Los Miserials de esta semana: 

«Se chancea en persona, no por teléfono».

Leer: Los Miserials: ‘A tu generación no le gusta trabajar’

Si bien necesitamos tener el celular encima todo el tiempo para estar comunicados o para tomar la foto perfecta de tu tostada con aguacate mientras desayunas, al momento de estar saliendo con alguien que no conoces realizamos, por un tiempo relativamente corto, la acción de «chancear»; o en otras palabras, el paso previo antes de entrar en una relación seria con una persona.

Sin duda alguna, es la parte más bonita de la relación. Todo es color de rosa, unicornios y escarcha, los defectos los tomamos a la ligera y pasamos la mayor parte de nuestro día filosofando en si esa persona está pensando en mí o en por qué no me responde el mensaje que le acabo de mandar hace cinco minutos.

La conversación es maravillosa; se mandan fotos, emojis, chistes y cuentos profundos. Prácticamente conoces de lleno a la persona en esas dos semanas que pasaron hablando, hasta que surge el siguiente plan: “Vamos a comernos algo”. Y tú respondes: “Pues claro”.

Súper emocionada, cuentas las horas para ver a esa persona de la que ya sabes el nombre de su perro, pero le has visto la cara cuatro veces. Llega el día, se encuentran y lo mejor de todo el plan fue sin duda la hamburguesa que se comieron.

Entre silencios incómodos, se dan cuenta de que prácticamente tienen muy poco tema de conversación porque ya se contaron hasta los planes vacacionales a los que iban de pequeños por WhatsApp.

Es sin duda una cosa de nosotros jóvenes incomprendidos entablar una buena conversación por celular con personas que vemos prácticamente todos los días. Más allá de hacerle crítica a la facilidad que nos ha dado la tecnología, esa practicidad nos ha invitado a plasmar todo lo que no podemos decir en persona a través de un teclado, haciéndonos sentir sumamente incómodos cuando no puedes pensar dos veces la respuesta a una pregunta porque tienes al tipo en frente.

Además de una dependencia a la conversación, el textear todo el día con alguien que no nos conoce nos permite crearnos otra personalidad, cosa que al final limita el saber verdaderamente quién es esa persona, y nos deja como referencia del principio de la relación un scroll larguísimo de fotos y emoticones en WhatsApp. Haciendo que te disfrutes mucho más hablar con tu “culito” por celular un día completo, a tener que verle la cara dos horas completas porque se nos olvidó cómo interactuar normal con una persona que nos interesa.

Tú, Miserial, usa tu celular para trabajar y procrastinar, pero no pienses que es el amor de tu vida solo porque te saca buena conversación.