Porque el hecho de ser joven, no significa comer mal

Si por algo nuestra generación ha sido criticada desde comienzos de este nuevo milenio es el despegue a las normas conservadoras preestablecidas por la sociedad.

Para entrar en contexto, a nosotros jóvenes incomprendidos del siglo XXI, nos parece una estupidez tener que cumplir con el uso de un flux y unos tacones en horario de oficina, más allá que cumplir con el trabajo como tal. Nos parece ridículo pasar ocho horas en un cubículo cuando se podría hacer lo mismo desde la sala de la casa. Nos parece entretenido descubrir trabajos creativos por redes sociales. Y nos parece que un trabajo como community manager no puede estar sobrevalorado.

Pero como fieles defensores y a la vez criticadores de nuestra generación millennial, venimos a hablar sobre el desapego de algunas reglas sociales que, a cuenta de que somos jóvenes y rebeldes, las dejamos en el olvido.

A lo que viene la edición de Los Miserials del día de hoy:

‘Debemos mantener los modales en la mesa’

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Así tengas 18 años, fumes marihuana y seas rebelde; tengas 45, un divorcio y dos niños o tengas 32 y estés en crisis porque no sabes si irte del país, TODOS TENEMOS QUE COMER BIEN.

Y con respecto a “comer bien” no me refiero a vegetales con todas las comidas, sino a que mientras disfrutas de una buena pasta, no le caiga mal la comida a la otra persona por verte comer como un perro hambriento.

Excusando la referencia grotesca, los modales básicos al momento de comer en público son un requisito esencial sin importar la edad, estrato o gusto culinario que tengas. A nosotros jóvenes, que nos vamos más por el ámbito de la informalidad, nos gusta salir del cuadro y no creemos en la normas, estamos cambiando poco a poco la manera de manejar distintos aspectos, ya sean laborales o personales, en el mundo. Cosa que es maravillosa, pero no excusa el hecho de que te comas una pieza de pollo con los dedos de la manera más grotesca, a cuenta de que eres millennial y los cubiertos están sobrevalorados.

Tu mamá podrá estar errada en muchos aspectos conservadores, pero si te inculcó durante años el agarrar el tenedor de la manera correcta fue para que no te vieras como un cavernícola almorzando en el comedor de tu oficina.