La importancia de llamarse "caraqueño" - The Amaranta
No siempre se trata de la viveza criolla

¿Qué nos define como caraqueños? 

Para empezar, algunos ni siquiera se definen como tal, sino más bien como habitantes circunstanciales de la ciudad más peligrosa del mundo, de la cual emigrarán tarde o temprano. Pero muchos otros sí nos consideramos los héroes de una patria sin ley. Comemos empanadas, vamos a comprar nuestra ropa en el Centro y en Sabana Grande y siempre cuadramos unas birras el fin de semana.

Pero, ¿de pana nos van a reducir a simples actividades como si fuésemos un colegio católico? Ser caraqueños significa mucho más que birras, decir "mamagüevo" cien veces en una oración, mandibulear como niño del colegio La Salle y cantar canciones de Guaco y Chino y Nacho. Muchos pueden pensar que ser caraqueño perdió la magia. Claro, porque tomarse unas cervezas con los amigos ya son casi cien mil bolívares, comprar entradas a un concierto de Guaco ya es impensable y bueno, Chino y Nacho ya no están en una misma oración.

Así que sí, ya no somos esos mágicos caraqueños que parecíamos sacados de una cuento de J.R.R. Tolkien, sino que hemos cambiado algunos valores y condenado otros.

Nos dimos cuenta lo lejos que nos llevó la famosa (o más bien infame) viveza criolla. Pasamos rabia todos los días sin falta gracias a ella. Entonces, ¿qué nos queda para celebrar a los llamados “sobrevivientes de Caracas”?

Definitivamente ya no nos llenan los viajes a la playa, ni mucho menos tomar birras o tener un futuro sólido aquí. No, eso ya nos lo quitaron. Lo que hace a un caraqueño, uno de verdad, de los que se han ido extinguiendo poco a poco como si de osos pandas se tratara, es pensar que aquí puedes ser feliz a pesar de todo. Aquí es donde tiene sus lugares favoritos, sus personas favoritas y sus momentos favoritos de la vida.

No se trata de recuerdos cursis, sino de momentos actuales que no podrías vivir en otra ciudad del mundo. Momentos que tienes que aprovechar de vivir porque en cualquier momento pueden salir corriendo y enviarte el trágico mensaje de “me voy de país”.

Los caraqueños nos hemos vuelto el tipo de persona que no cree en el “después” o el “más tarde”. Es un ser que no pierde tiempo porque ya nos han robado bastante de él. Alguien que se lanza a lo desconocido porque peor que lo conocido no puede ser, así que se arriesga y le echa pichón sin importar a dónde lo pueda llevar.

Y así ha sido por más de diez años entre los que conozco. Los caraqueños no titubean ni esperan a una mejor oportunidad, nosotros solo creemos en una sola  y ¿acaso no es eso lo que filósofos, escritores y hasta Robin Williams nos ha dicho a cada rato?

Entonces en el significado actual de la “viveza criolla”, que en realidad significa ser un falta de respeto, eso es lo que significa ser caraqueño. El que vive en esta ciudad sabe que mientras se siga moviendo, avanzando y riendo, no podrá morir. O al menos pasa así cuando escuchas una moto y mueves esos glúteos como si no hubiera un mañana.

Pero esa ya es una metáfora demasiado realista.