Fue como no tomar agua

Hay cosas con las que simplemente no puedes vivir, tan obvias como el oxígeno y tan válidas como el aire acondicionado. En mi caso, una de esas cosas es la arepa, la comida que más como y he comido en mis veinte años de vida.

Para los que no saben, la arepa es la comida típica de Venezuela. Están hechas de harina de maíz precocida o a base de nada de maíz, y se comen con relleno (puede ser queso, jamón, pavo, aguacate, pollo, carne, entre otros). La arepa icónica, como bien sabe todo buen venezolano, está hecha con Harina Pan.

Esta mujer está grabada en la memoria desde la infancia

Esta mujer está grabada en la memoria desde la infancia

Forma parte del día a día de un venezolano (o colombiano), y prácticamente se come todos los días. Como mencioné, yo soy uno de esos casos en donde ese platillo es indispensable. De siete días de la semana, yo como arepa todos esos siete días. 

Entonces, como me encanta torturarme con retos como “no tomes alcohol por cuatro meses” o “no comas dulce por dos meses” de vez en cuando, decidí escalar a niveles extremos y desafiarme a no comer mi preciada comida por una semana

Apenas pensé en este reto, me negué a hacerlo, pero...

Una vez que se me ocurren, no hay vuelta atrás. 

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Esto fue lo que pasó

Cuando calentaba el sol (solo que no en la playa)

Disculpen mi chiste malo.

Mi alma culinaria nunca había experimentado este luto (temporal, pero fuerte). La abstinencia a la arepa fue más impactante que la de dulces que hice el semestre pasado, pero debo admitir que fue interesante explorar otros horizontes.

Los primeros tres días no estuvieron tan mal. Sobreviví con huevo revuelto con tostadas, omelette con tomate y queso, y otra tostada con huevo revuelto (esta vez con un poquito de aguacate). 

El cuarto día comí una empanada. Gracias a mi ingeniosa idea de adquirir ese sagrado alimento en el cafetín de la universidad, ese fue mi desayuno por dos días más. 

En síntesis, mis días fueron: Tres de huevo, tres de empanada, y el último fue una decepcionante y vencida galleta María (esta es una marca muy buena de galletas venezolanas) con un café que me quemó la lengua.

Pero el verdadero desafío fueron las cenas. Además de comer arepa durante unos 15 años, en la madrugada después de una fiesta y de entrada en restaurantes, este plato típico por excelencia también se come usualmente en la cena. 

En unas noches tan lindas...

Lindas de vista, no a nivel estomacal. 

Sobreviví esas noches frías con crema de auyama, panquecas, un sánduche de pavo y queso amarillo, y la última noche donde comí huevo revuelto con arroz (también llamado "arroz a la cubana"). Solamente me faltó una noche, que no comí porque mi siesta de las siete duró hasta el día siguiente.

En síntesis, mis días fueron: Dos de crema de auyama, dos de panqueca, uno de sánduche y el último de arroz a la cubana, sin contar el que no cené. 

Hablando claro, en verdad no fue tan malo, me gusta ser dramática y ya. Pero eso sí, no puedo expresar mi amor por la arepa de una manera digna, pero lo intentaré:

Creo que sería una buena... arepoeta.

Puedo concluir que en este desafío desarrollé otros gustos para sobrevivir durante la posible futura sequía de Harina Pan, más que la que hay ahora, y que las empanadas aumentaron su importancia en mi vida. Fue interesante, pero no lo volvería a repetir.