La Torre de David, Caracas inclinada

La Torre de David se construyó con el propósito de defender uno de los puntos débiles de la Ciudad Antigua de Jerusalén en el siglo II a.C. Ha sido demolida y reconstruida por cristianos, musulmanes, mamelucos y otomanos.

En Caracas se quiso levantar otra monumental Torre de David con el propósito de hacerle frente a Wall Street desde Venezuela en 1990. Pero en 1994 una crisis bancaria detuvo la construcción y desde entonces ha sido demolida, reconstruida, desvirtuada, ocupada, destruida y concurrida por invasores de izquierda, de derecha, oficialistas, medios internacionales y personas medio nacionales.

Ver relacionados: 

Nueva Reconversión Monetaria, una medida que genera más dudas que respuestas

‘Te robaron porque eres mujer’

Llegó a ser conocido como la favela más alta del mundo, en el que más de 1.150 familias hicieron vida por más de siete años en 24 pisos con escaleras sin barandas y ascensores fantasmas.

Una semana de temblores económicos en el 2018 se reflejó en temblores terrestres que sacudieron los cimientos de la Torre de David. Un sismo de 7,4 despertó dos generaciones de ánimas, las de un músculo bancario que no fue y las de una población desafortunada que ahora espanta todas las esquinas del país. Así, el tercer edificio más alto de Caracas y sus demonios lo empujaron a un lado, amenazando, igual que una economía poseída, con un derrumbe catastrófico.

Es que eso es lo que es la Torre de David, en vez de ser un obelisco de defensa y progreso, es un monumento que ha vivido la gloria y derrota de un país.

Comenzó siendo un proyecto con las más grandes ambiciones, un ejemplo magistral de arquitectura, un símbolo de altura y estatus. Una promesa de un país en el que todo se podía y además en lo que todo se veía bonito.

Crisis, incertidumbre y la derrota de una compañía dejaron el proyecto del Centro Financiero Confinanzas en taima. En seco, como la calma antes de una tormenta. Casi haciendo una predicción de lo que venía.

FOGADE pone en venta, nadie toma interés, se nota la mano del Estado y una torre de más de 190 metros en el centro de la capital logra pasar desapercibida, se nota cómo los íconos de Caracas empiezan a desvanecerse entre desacuerdos políticos y descuidos gerenciales.

Una ciudad no preparada para alojar a tantas personas con ansias de buscar trabajo en Caracas, solo ofrece viviendas demasiado costosas, escupiendo a cualquiera que busque un hogar en las áreas urbanizadas. Allí un edificio muy bien ubicado reaparece con protagonismo y empieza a ser el cerro más óptimo para construir.

De regalo está el piso y las paredes, pero el agua y la electricidad deben encontrarse por otro lado. Espacios destinados a oficinas ahora son casas, discotecas, negocios, familias, mercados. Un ecosistema financiero ahora es una ciudad vertical.

Con la toma de la torre llegaron otros monstruos y con ellos la infamia de drogas, prostitución y delincuencia que atormentaba a los que vivían allí. Así como Caracas, durante siete años en la torre las condiciones y la inseguridad iba de mal en peor.

La Gran Misión Vivienda le aseguró a todo habitante de la torre una vivienda digna, y confiados en el Estado, esas 1.150 familias partieron a dónde les fue asignada una casa que a sus ojos merecían, la merecían porque sí. Pero entre trucos y maromas, los invasores se vieron invadidos y la promesa de parques, seguridad y dignidad se esfumaron y los nuevos edificios pasaron a ser una versión micro de la Torre de David, más barrios verticales.

Allí quedó de nuevo, con el corazón roto y embrujada de espíritus y malos cuentos el Centro Financiero Confinanzas. Una vez más camuflada entre el caos de la ciudad, sus conflictos, bombas y muertes. Nadie la veía mientras hacía colas, protestaba, iba camino a un trabajo mal remunerado o mientras jugaban al bingo con la economía.

Entonces tembló. La Torre de David se inclinó sobre Caracas y nos recordó lo que iba a ser, lo que fue, en lo que quedó y lo que podría pasar.

Ella es Venezuela, una promesa reluciente de lo que pudo ser, una ruina lamentable y fantasmal de lo que es y una estructura a punto de colapsar después de ser olvidada y abusada.

Que no colapse, porque si sigue funcionando como reflejo de la tierra del Arauca vibrador, también terminaremos entre escombros en el piso.

Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed
Más artículos
Los chalecos amarillos se han vuelto un fenómeno internacional