Erotismo Carliano: las cosas de las que uno se entera años después del primer besito

Durante ciertos lapsos existenciales, pienso en lo mucho que me habría gustado adquirir un pequeño librito que explicara todo lo que uno tiene que saber acerca del sexo. Solo que claro, después caigo en conciencia de que no sería ni pequeño ni muy directo. Y, seamos honestos, la mayoría no lo leería en lo absoluto. Sin embargo, estoy segura que eso es parte del encanto.

Verán, hace unos años me topé con un libro llamado La civilización del espectáculo (2012) de Mario Vargas LLosa. Bueno, en realidad no me “topé” con él. Más bien lo toparon conmigo, por así decirlo. Mi profesor de sociología no paraba de leer varios segmentos en clase -y, cómo detesto cuando hacen eso- pero al terminar, por alguna razón que hasta el día de hoy desconozco, me recomendó uno que se llama La desaparición del erotismo. El título me gritaba: “léeme, léeme, sabes que te encanta”. Así que lo hice.

El erotismo brilla en la privacidad

Resulta que mi amigo, Mario, hablaba de una iniciativa que promovía a los jóvenes a masturbarse con la intención de despojar al acto en sí de juicios morales y religiosos. Ocurrió en los sesenta, pero descubrieron la existencia de esta campaña en el 2009. Llevaba el nombre de El placer está en tus manos y es exactamente como lo piensan: se trataba de talleres de educación sexual que enseñaba a los adolescentes a tocarse, acabando de una vez por todas con el tabú. Pero lo que me encantó fue la opinión de Mario diciendo que este tipo de cosas se aprenden en la intimidad, con todas las presiones que se tiene, pues eso no solo lo hace más interesante sino que conspira a favor de la emoción del sexo. Hacerlo cotidiano solo lo hace aburrido y no podría estar más de acuerdo con él.

Cada vez que pienso en ese librito hipotético pienso en eso de El placer está en tus manos. ¿A quién se le habría ocurrido eso? A veces pienso en lo terrible que juzgaría a quien sea que haya concebido esa idea, ignorando por supuesto que, en muchas ocasiones, estuve a punto de proponer algo remotamente parecido.

El breve tour por los tipos de sexo

En la edición pasada de Erotismo Carliano, una protagonista sin nombre -creo que debería ir pensando en uno- entendía de qué trataba el sexo. No se encasillaba bajo el seudónimo de hacer el amor, pero tampoco era un simple mete y saca. Disculpen mi francés. Se trata de un acto que tiene millones de posibilidades dentro de cada cabeza. Lo ideal sería entonces que las cabezas de quienes lo hacen estén correctamente sintonizadas, contemplando las mismas posibilidades. De lo contrario, desastres como corazones rotos o voluntades quebradas ocurrirían sin perdón probable.

A lo largo de la universidad, nuestra amiga se encontró con varios pretendientes que le sacudieron el piso y también la cama. No obstante, para ella cada experiencia fue como una especie de viaje cósmico hacia lugares que nunca había visitado. Si lo ponemos así, podemos decir que fue a Solo Sexo y Más Nadalandia, donde el corazón no tenía oportunidad para nada y ella aprendió a disfrutarlo así. Como eso perdió la gracia después de unos cuantos meses de conocer moteles de mala muerte por Plaza Venezuela, conoció a un tal Antonio. En esa ocasión, el amor sí tenía asomo por ahí.

El lugar se llamaba, El Sexo Que Prueba Si Somos Compatiblezuela, y tuvo con él ese jueguito extraño donde se gustaban pero habían muchas diferencias entre ellos: él era un diseñador de páginas web que disfrutaba salir con amigos y “emprender” en discotecas, mientras que a ella solo le gustaba ver Netflix con sus primas un viernes en la noche. Este tipo de sexo era necesario para saber si existía alguna oportunidad de que fuesen realmente uno para el otro. Cabe resaltar que el sexo comprobó lo contrario y descartó a Antonio por el simple hecho de no preguntarle ni siquiera si le había gustado. Acabó después de tres minutos.

Aterrizaje al ‘tipo de sexo’ favorito

Después de esta breve decepción, nuestra protagonista viajó a Estados Del Sexo Después De Estar Segura Que Nos Gustamos Unidos, en el cual después de meses de risas, fantasías y promesas, finalmente se premió a sí misma con una magnífica relación sexual en casa de la playa de los padres de Rodrigo. Él era el tipo de chamo que le abría la puerta del carro, le escribía poemas cada vez que cumplían mes y le abría los frascos de salsa napolitana cada vez que nuestra chica lo necesitaba -aunque podía perfectamente abrirlos sola, le gustaba que Rodrigo quisiera impresionarla así.

Esto duró un par de años. Y fue aquí donde descubrió que otros tipos de sexo consistían en intereses y placeres personales. Dejaron de ajustarse a una categoría simplemente para tener mil descripciones y un propósito: disfrutar los dos. A veces era un acto tan simple como ver una película, y en otras ocasiones era el highlight de su día como una ronda de cervezas para relajarse y liberar tensiones.

Todo era válido cuando todas las cartas estaban sobre la mesa, o en este caso, la cama, y en esta oportunidad pudo encontrar el tipo de sexo en el que más cómoda se sentía: donde podía volverse loca sin ser juzgada o herida y hasta aplicar conocimientos cortesía de Mia Khalifa.

Todos los personajes y acontecimientos de esta columna son ficticios, bueno, la gran mayoría.

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