Bienvenido a la mente de una futura ninfomaníaca malintensa, millennial y adicta al café

En la edición pasada de Erotismo Carliano, nuestra virgen dejó de ser virgen, pero no por eso perdió el sentido de vivir. Todo lo contrario. A diferencia de la creencia popular donde las mujeres parecen sufrir una especie de sacrificio al perder la virginidad, ella llegó a un estado de nirvana.

Claro que entre el proceso de no tener idea dónde se mete la zanahoria, ni cómo hacer ni torta ni puré a ser una pastelera profesional con jardines repletos y todo (me encantan estos eufemismos) es un camino largo. Ni aunque se tome taxi llegamos rápido y es algo que nos sucede a todos, en especial si eres una malintensa como nuestro personaje.

Lo que nos lleva al siguiente capítulo de esta aventura sexosa no censurada.

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"¿Ya les hablé de Juan Carlos, verdad? Sí, es el chamo que destapó la tubería, rellenó el bizcocho, me llevó al cielo en camionetica, ustedes me entienden. En realidad me di cuenta que el niño no tenía idea de lo que estaba haciendo. El pobre…aún no sabe que realmente nunca lo sabrá. Lo genial es que yo sí tengo el potencial no solo para descubrir los secretos del sexo, sino además para sacar un posgrado y una maestría. ¿Quién sabe? Capaz más tarde podría tener mi propio aprendiz al que, si es demasiado bueno, lo reprobaría a cada rato para que nunca me deje.

En fin, al final me quedé con él porque si quiero averiguar cosas tan profundas de mí misma, necesitaría un voluntario prudente y que se preste a cualquier tipo de experimentos. Claro que él accedió. Después de la primera noche acudí a la fuente de conocimiento más acertada, universal y eterna: Cosmo. Todas hemos padecido frente a una revista Cosmopolitan en algún momento de nuestras vidas, así que quien esté libre de pecado que lance la primera piedra.

Entonces sana de cualquier herida, ojeé la colección que mi mamá guardaba en una gaveta de su cuarto. Descubrí que era una especie de tertulia mediática por la cual mujeres de todo el mundo expresan sus ambiciones en la cama, sus fantasías y sus decepciones. Sin embargo, lo que más me llamó la atención era eso de las posiciones. ¿Saben? Porque hay más de una forma de producir un bebé sin en realidad hacerlo. Digo, no todo en la vida se reduce a dos minutos de tener a un tipo en posición de religioso con espasmos raros. No, lo cierto es que puedo yo tomar la batuta del asunto. Y lo haría.

En el mundo del sexo yo podía ser lo que sea. Como una Barbie de edición limitada. En una misma noche tenía la posibilidad de ser la Barbie vaquera, Barbie gimnasta, Barbie misionera, Barbie surfista y bueno, solo faltaba la Barbie sadomasoquista. Una cosa llevó a la otra y mi investigación me llevó al extraño mundo del Kama Sutra, algo que honestamente pensé que era un plato hindú al que todo el mundo le tenía miedo, considerando que nadie lo decía en voz alta.

Llevé todo el conocimiento teórico a cabo el viernes siguiente a perder mi virginidad. Y si hablábamos de un plato de comida, déjenme decirles que comí demasiado…hasta intoxicarme. Y me encantó. Hasta siento que Juan Carlos y yo nos inscribimos en una serie de ejercicios que nos hacía sudar y perder más calorías que un culto de fisicoculturistas. Lo que no me molestaba para nada porque además de bajar esa pancita, de repente mi vagina y yo nos hacíamos más panas. Pero sin romper el hielo enteramente considerando que eso del orgasmo parecía una meta sin cumplir, como quitarse el maquillaje de Halloween sin agua.

Lo que nos llevaría al otro paso imprescindible para la amistad: jurungar la semillita. Tal vez ahí sí me pueda consolidar como mujer Cosmo. Pero eso ya para después, demasiada confesión erótica por hoy".

(Todos los personajes y acontecimientos de esta historia son ficticios)