El reto del kombucha

El reto del kombucha

Hace pocos meses descubrí una bebida muy de moda que a pesar de llevar milenios sobre la tierra, ahora la onda de comida saludable la ha acuñado como la favorita de los súper alimentos.

El kombucha demuestra que mientras más se investiga sobre él, más beneficios se descubren y por tanto más popular se hace. Esta bebida ha dejado caer todas sus bondades encima de quienes la toman, y sin exagerar ellos comparten su nuevo estado de salud gracias al kombucha y son tan entusiastas como quien ha visto a Jesús directamente a los ojos.

La súper bebida, creada a partir del hongo (no, no es un jugo de portobello) se ha demostrado que es tremendo para desintoxicar, para el cuidar las articulaciones, tiene antioxidantes, mejora el sistema digestivo, ayuda al sistema inmune, te da energía y te hace subir una talla de sostén.

Bueno, lo último no es cierto, sin embargo el kombucha suena como si te otorgara todos los beneficios de ser Wolverine sin pasar por la tortura de ser un experimento ilegal de un psicópata que opera en nombre de los Estados Unidos.

En Caracas, el kombucha ha sido presentado en el mercado de la mano de Kombucha Salud, una empresa de un par de mujeres emprendedoras que crean esta bebida artesanal que está causando furor.

Maru y Anna nos cuentan desde la experiencia personal que el kombucha ha sido un aliado en condiciones gastrointestinales y que hoy en día es además de un refrescante té, lo usan como parte de su dieta para sentirse bien y tener superpoderes.

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De nuevo, la última parte no es verdad, pero así suena cuando lees sobre él.

Evidentemente, mi instinto curioso-antojado-malcriado no podía dejar pasar la oportunidad para poner a prueba el producto y decidí por mi propia vía empírica si realmente esta era una bebida tan santo grial como todos dicen.

Escéptica y medio negada, mi estado natural a la hora de enfrentarme a los challenges de esta revista, obtuve una provisión de kombucha y me propuse tomarlo durante una semana para demostrar (o no) que este popular té te convierte en un un X-men.

Las instrucciones de Maru fueron claras y sencillas “unas tres onzas al día que puedes tomar solo o acompañado de jugos. Puedes juntarlo con mandarina, jugo de guayaba, o jengibre. Los cítricos le combinan buenísimo”.

Difícil no parecía. Digo, tomando en cuenta mis otros retos, los de disfrazarme una semana o a hacer 2 semanas de ejercicio intenso, tomar té parecía relativamente sencillo.

Una visita a la frutería para armarme de mandarinas, limones, tres en uno y raíces chinas y el kombucha en la nevera, fueron el primer paso para poner en marcha mi plan dietético.

Esa noche en mi cama, envuelta en los dilemas existencialistas de costumbre, me retumbó en la cabeza una frase que había dicho Maru mientras discutíamos mi régimen de toma de kombucha:

“Bueno, si le metes mucha basura al cuerpo, el kombucha va a ayudarte a desnitoxicar”.

¿Qué trazaba la línea entre “mucha basura” o “poca basura”?, Yo no le meto tanta cochinada a mi cuerpo ¿O sí? A ver, como ensalada todos los días, me atapuzo de frutas como un murciélago, como seis veces al día y aunque no tomo demasiada agua, creo que estoy más hidratada de lo que debería.

Entonces con tono regañón una segunda voz intervino en el pensamiento y me recordó la ingesta casi letal de tocineta que como a la semana, la caja de cigarros reglamentaria en el fin de semana, los recurrentes viajes a mi sitio de hamburguesas favorito y la cantidad escandalosa de alcohol que manejo de lunes a domingo que espantaría a cualquier persona fuera de Latinoamérica.

¡Soy un foso séptico de toxinas!

Así me quedé dormida con la premisa de esa pesadilla y la duda de cómo el kombucha me iba a ayudar a liberarme de la basura.

Día 1 (jueves)

Probé el kombucha solo, súper frío y mis tres onzas reglamentarias que equivalen como a medio vaso (medio lleno o medio vacío, como más le guste a su percepción filosófica de la vida). No noté muchos cambios, pero sí es refrescante, sobre todo cuando llevas una hora en cola sin aire acondicionado y en camisa manga larga.

Día 2 (viernes)

Lo tomé en el desayuno, con jugo de mandarina. Tremenda forma de empezar el día y aunque el hecho de que no hubiese café me tenía amargada, puede que mi desempeño y estado alerta del día tuviera algo que ver con el kombucha.

Día 3 (sábado)

Como un zombie que no ha aprendido que el ron es mejor tomarlo sin Coca-cola para no sufrir una resaca mortal, me arrastré a la nevera y engullí más de las tres onzas que tenía pautadas para ese día, supongo que en un intento animal instintivo por hidratar mi cerebro.

Aquí viene lo revelador de este artículo: el kombucha me quitó el ratón.

Varias veces he dicho que corro con la maldición de sufrir resaca aunque me tome una sola copa de vino. Escalofríos, vómitos, calambres, dolor de cabeza, falta de apetito y mal humor crónico son mis síntomas habituales después de cada noche de fiesta que me hacen sentir (y ver) como un enfermo terminal.

Pues a pesar de haber luchado contra una botella de ron la noche anterior y ganar la batalla, luego del kombucha, nada de lo nombrado anteriormente hizo entrada fatal.

He probado comida china, grasas, café, pastillas de todo, baños de vapor y hasta brujería y nunca había tenido tan buenos resultados. Justo cuando estaba a punto de abandonar la bebida como solución al ratón, doy con este súper remedio.

Día 4 (domingo)

En un brunch improvisado junté jugo tres en uno con el kombucha y quedé de perlas con los invitados.

Día 5 (lunes)

Feliz porque me estaba sintiendo bien y porque se sentía poco a poco las bondades del té, me tomé mi medio vaso de kombucha con una guayaba a la hora de la merienda.

Día 6 (martes)

Antes de empezar el challenge había sido condenada con una gripe que se había extendido tanto en el tiempo que ya sentía que mi estado natural era moquear en el trabajo y estornudar en momentos inoportunos en el salón. Probablemente gracias al kombucha, para este día estaba más fresca que un pepino.

Día 7 (miércoles)

*tuve que salir a comprar más kombucha de Kombucha Salud porque no sé calcular tres onzas y no me alcanzó, eso o el hecho de que me tomara más de la cuenta el sábado me desreguló el plan*

Una vez más, viviendo en carne propia, la realidad me cacheteó y me dijo que si las cosas tienen buena fama, por algo es. Aunque no tengo uñas de metal ni el poder de hacer tormentas, bastante sorprendentes, resultaron los nobles beneficios del kombucha y en mi opinión, el tema de lograr desintoxicarte y tener un sabor tan bueno suena a una bondad inhumana.