Decisiones que decidí no tomar en mis veinte

Decisiones que decidí no tomar en mis veinte

A los diecinueve preferimos tomar cerveza a tomar decisiones, y cuando cumplimos veinte, también. Es difícil pasarse el suiche de adultos, así que cuando lo hacemos, lo hacemos all the way y algunos incluso deciden casarse y tener hijos antes de los 25. Suena romántico pero no siempre duran esas decisiones que tomaste impulsivamente.

Lo vemos a cada rato en Instagram; gente que se graduó con nosotros ya modelan sus anillos de compromisos y sus barrigas de embarazo, mientras que el otro extremo, la única panza que puede contemplar es la causada por 10 birras pagadas con bolívares devaluados.

Al principio, este artículo era “Decisiones que no deberías tomar durante tus veinte”, luego me di cuenta que yo no soy quien para decirte qué decisiones debes tomar y cuáles no, así que te diré cuáles no tomaría yo. Porque ya me llevé mi coñazos por creerme lo suficientemente adulta para saber qué es bueno para mí, y la verdad es que no lo sé.

Así que pretendo utilizar la “mejor década de mi vida” para descubrirlo.

Quedarme con los “what if”

Algo que mi adolescencia me hizo aceptar como si se tratara de mi nariz redonda, mi sonido de cerdo cuando río y lo mucho que me odia mi cabello cuando necesito que colabore, es que soy una romántica sin remedio. Mis amigas en parte me odian por eso. Pero yo ya lo acepté.

Entonces soñaré y es probable que me equivoque cada vez que quiera intentar estar con alguien que me mueva el piso. No a lo Carrie Bradshaw que elegía puros babosos, sino que crearé mi propio criterio y seré fiel a él. O no, pero de eso se trata, ¿no?

(Fin del momento corny).

Tener un menú con restricciones

Siempre odié las personas que ponen cara de asco cuando comes algún tipo de pescado exótico con salsa de algo super raro, y cocinado de una forma demasiado moderna para un horno, cuando nunca lo probaron y se rehúsan a hacerlo.

Bitch, please.

Comeré de todo hasta que mis papilas gustativas me digan basta o me aburra porque ya probé todo lo que había que probar (lo que para mi felicidad, sé que no pasará).

Prescindir de los métodos anticonceptivos

Mis veinte no serán un guión de Diablo Cody a lo Juno. Y si necesitan un buen regaño, lean a Ainoa.

Tener un rumbo profesional fijo

¿Cómo saber si eres bueno en algo cuando aún no te lanzas al abismo del mercado laboral? No sabes si encuentras la luz mientras ilustras las portadas de tu revista favorita, si escribes un libro o incluso si haces un largometraje.

Haz de todo y si no te cuadra, siempre puedes decir basta (también podrías decir renuncio y tumbar todas las cosas del escritorio de la forma más dramática posible, pero no está bien que te diga eso).

Cada uno es dueño de las decisiones que toma, y también de las que decide no tomar. Estas son las mías, ¿y las tuyas?

¡Felices veinte!