Cosas de las que te estás perdiendo cuando te quedas en Venezuela

Viviendo en Venezuela es fácil que te olvides que has dejado de lado ciertas cosas que hacen que la vida sea más entretenida y feliz. Principalmente porque sales a la calle para ver a una familia buscando comida en la basura, colas eternas de gente demacrada y exhausta tratando de sacar efectivo para ir a sus casas. Y luego tú vuelves a la tuya y no tienes agua, o internet, o luz, y no puedes irte a casa de algún amigo porque ya todos se fueron.

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Eso gracias a que tu cerebro, sabiamente, suprime la parte capaz de pensar en la situación de otros. Sino te quedarías paralizada, por siempre pensando en los presos políticos torturados por gente tan “ciudadana” como tú a unos cuantos kilometros, niños muriendo de hambre en tu barrio más cercano, y el montón de gente enferma por plagas que el mundo civilizado no ve hace siglos.

Quiero decir que es difícil distraerte y pensar en la Venezuela que existió y tal vez nunca conociste porque lo que te rodea ahora es espantoso y apremiante. Terminas por pensar que cualquier cosa que te pueda hacer feliz es inalcanzable, o un privilegio o producto de tu imaginación. Quedarte en Venezuela obviamente implica renunciar a esos derechos básicos que todos conocemos, pero también a otros más pequeños que hacen feliz a cualquiera:

Caminar

Una cosa es hacer power walking del metro a tu casa y otra es caminar. Mover un pie frente a otro en una calle sin preocuparte por la hora, mientras miras la arquitectura a tu alrededor o te buceas al bro en leggins que sale del gym sin que nadie te pegue un lepe por “aguevoniada” y te recuerde que “estás pagando”. Tal vez incluso caminar con audífonos, o hablando por un celular porque fuera de Venezuela sí se pueden usar como teléfonos móviles.

Caminar por caminar. Caminar para algo más que llegar de un punto a otro en la menor cantidad de tiempo posible, esquivando al niño que te va a pedir dinero agresivamente y escondiéndote del malandro de la cuadra, es uno de los pequeños placeres gratis del ser humano. Además de que te pone las pantorillas súper guapas.

Y caminar mientras comes

Hablando de niños agresivos, intenta comprarte un chocolate o un helado y dar 5 pasos sin chocar con una manada de preadolescentes pidiéndote que se lo regales.

Podrías ser la persona más antipática e insensible del planeta, y aún así tu momento de “disfrute” se iría a la mierda. Puedes decir que no y seguir tu camino pero de todas maneras pasaste por un mal rato porque a final de cuentas acabas de negarle un helado a alguien que muy probablemente se ve que no come desde hace días.

Escuchar nuestra música

No el arpa, cuatro y maraca, aunque no juzgo si es lo tuyo. Hablo de todas esas bandas que veíamos en Sake, Discovery, o en La Quinta cuando el local entero era más pequeño que un colchón matrimonial.

Aunque históricamente nunca las trataron tan seriamente como a Luis Silva o cualquier cantautor “tradicional” de esos que aman hacer letras sobre “mujeres robadas”, el rock venezolano tiene una identidad súper fuerte que nos sirvió de soundtrack durante décadas.

Tienes más chance de ver a Famasloop, Okills, La Vida Boheme, Rawayana, o Los Mesoneros en cualquier tierra que no esté bajo la supervisión constante de los ojitos del intergaláctico. Y puede no parecer importante, pero ir a verlos a veces es tan importante como hacer patacones mientras te pones al día con tu tía. La única excepción son Caramelos de Cianuro porque Azier ahora está hecho de oro y cobra a €30 la entrada, con audífonos y YouTube basta.

Saber cuando te graduas

Salir de Venezuela para estudiar, significa que tu fecha de graduación depende de ti y lo honestas que sean tus intenciones de estudiar. A menos que te hayas ido a Juárez a estudiar periodismo o estés viviendo en Corea del Norte, tus profesores no van a desaparecer a mitad de semestre, tu universidad no va a cerrar la semana de parciales porque faltaba agua, no van a suspender el semestre porque la mitad de la ciudad está siendo simultáneamente quemada y gaseada con bombas lacrimógenas.

Eso no solo significa que sabes -tentativamente- cuándo vas a tener tu título, sino que puedes planificar cuándo -en teoría- vas a empezar a usarlo. Es decir, tu vida deja de estar primordialmente a merced de si el país explota o no.

Los 20 años que avanzó el mundo

Cuando tienes que calcular cómo lavar tu ropa tomando en cuenta los apagones y los cortes de agua, es difícil pensar en la ética de la inteligencia artificial. Tipo ¿cómo deberías tratar a Siri realmente?, ¿los robots merecen los mismos derechos que los humanos?, y si eso no te parece particularmente interesante, estoy segura que en tu campo de interés también se están haciendo preguntas que todavía no has tenido chance de hacerte.

Mientras estábamos ocupados con contramarchas, y guerras de Twitter, el mundo avanzó y es un lugar cada vez más amplio e interesante en todos los sentidos que te puedas imaginar. Pero en Venezuela es cada vez más pequeño, al punto de que pareciera que todos estamos en el Helicoide. 

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