El ‘roasting’ que me merezco

Existen ocasiones en las que una persona emite comentarios que no son ciertos. Algunas veces porque está mal informada, otras porque intelectualmente no está muy bien dotada (porque es bruta) y el último es para tratar de impresionarnos con una cultura, talento o importancia que no posee. A este último grupo los llamamos “pretenciosos”.

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Sí, tú sabes a lo que me refiero con “pretencioso”. Por salón de clase siempre hay uno de cada diez estudiantes y generalmente se sientan en la primera fila (según las cifras poco científicas, pero 100% acertadas que yo ingenié). Por oficina existen tres de cada siete personas (este número aumenta si el trabajo es de tipo creativo. Nótese en agencias de publicidad en donde una de cada tres personas se jura Donald Draper u oficinas de arquitectura). Por grupo de amigos hay uno de cada siete a quién quieres pegarle un lepe tres veces a la semana. Y en cada actividad extracurricular de debate de gente que le gusta vestirse bonito y hablar en público, espacio de debate o competencia intelectual (delegaciones de modelos de las Naciones Unidas, de derecho, fraternidades y sociedades secretas dignas de ser material creativo para series como Dear White People) el porcentaje escala a un casi 95% de las personas que los integran y pueden ser vistos como “pretenciosos”.

¿Todavía no los ubicas? Te daré una pista.

A estas personas pretenciosas las une una cosa: siempre tienen (o creen tener) la razón. Es por esto que esta columna se la dedicaremos a esas personas que para nuestro deleite se equivocan, dicen estupideces y quedan abiertos a un escrutinio público, dignas de ser viralizadas en las redes sociales por el hecho de que siempre es cómico bulear a los intensos. Lastimosamente, la primera soy yo, una pretenciosa en su máxima expresión cuando se trata de cine y televisión.

El sujeto: yo

El área de “expertise”: el cine

La c*gada: juró por su vida que Oliver Stone no era el director de Savages

Querida María Teresa, bájate de esa nube que no tienes ni la menor idea de lo que estás hablando.

  • Primero y principal: ni estabas muy clara qué había dirigido Oliver Stone cuando te lo nombraron.
  • Segundo: si no fuese por el Internet y tu enfermiza adicción a reseñas de Rotten Tomatoes y IMDB no podrías retener información cinematográfica porque sufres de memoria de gold fish.
  • Tercero: en tu vida solo has visto dos películas de Oliver Stone (entre esas Wall Street y la misma Savages que estás criticando)
  • Y cuarto: a menos de que estés argumentándole a un estudiante de medicina que no tiene ni tiempo para dormir como para poder ver películas, no digas estupideces solo porque crees que siempre tienes la razón.

Bájate de esa nube, tu educación de colegio de monjas y familia conservadora no te permitió ver películas con verdadera sustancia hasta que cumpliste 16 años y pensaste que ver The Shinning te hizo experta en Kubrick.