Venezolana habla de la explotación laboral en Estados Unidos - The Amaranta
Y más difícil todavía que no nos vean como unas máquinas de trabajo

Les propongo hacer un ejercicio: si revisamos nuestras redes sociales en este momento, estoy segura que el 80% de tus contactos están fuera del país.

Válido por supuesto si eres tú la chama que sigue encerrada en esas tierras oscuras y destrozadas por el comunismo llamadas Venezuela o sino, eres la que, al igual que cuatro millones de venezolanos, decidió salir de esta cárcel socialista para ver dónde carrizo se encuentra la calidad de vida. Por ende, la que publica su foto rutinaria de los domingos, haciendo un picnic en el parque del Retiro.

Así está dividido el mundo para nosotros los venezolanos que seguimos aquí. Lastimosamente tenemos a más conocidos fuera, y no nos queda de otra que ponernos al día mediante un celular de lo que pasa en sus vidas.

Ahora, sin pensar que todo lo que está fuera de Venezuela es flores, arcoíris y unicornios, a gran parte de ese número inmigrante no le ha sido fácil asentarse de nuevo en otro país. Adaptarse a nuevas culturas, reglamentos y costumbres es por lo que suelen pasar los venezolanos en el exterior luego de ser aceptados con los brazos abiertos en casi todos los países del mundo.

Entender horarios de trabajo, los comportamientos sociales en los transportes públicos y hasta por dónde se camina en las calles son elementos que a nosotros como venezolanos, a raíz de tanto desorden social, nos ha tocado aceptar y adoptar como nuevas costumbres.

Pero como tampoco todo lo que está fuera de Venezuela es el paraíso terrenal, existen los casos de explotación laboral que no se escapan de una simple cultura caribeña y que muchas venezolanas han enfrentado simplemente por ser mujeres o latinas. Y siendo la razón principal de esta columna, les presentamos mediante esta vía, las demandas de abusos que realizan mujeres venezolanas alrededor del mundo, demostrando que la cultura sexista heteronormativa no es exclusiva de nuestro país.

En este Aquí o en China les presentamos a María Daniela Moreno, una venezolana que vivió en Boston y actualmente reside en Buenos Aires. 

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¿A dónde te fuiste?

Ya voy para un año que me fui a Boston durante seis meses y actualmente vivo en Buenos Aires. 

¿Por qué te fuiste?

La verdad es que me fui por el idioma, crecimiento personal. Fue un viaje que estaba establecido por dos meses únicamente para solo mejorar el idioma y terminé logrando quedarme más tiempo sustentándome yo misma por cuatro meses más.

Ahora, échame el cuento.

Situaciones de todo tipo puedes lograr experimentar una vez que sales de tu zona de confort, tu país. Estados Unidos, para muchos, es el país en el que muchos sueñan vivir. Pero la verdad es que nunca sabrás lo que te espera hasta que pones los pies sobre aquella tierra americana donde todo se vuelve impredecible.

Yo fui con una expectativa y terminé viviendo una experiencia totalmente diferente, no mala. Logré adquirir un trabajo para poder financiarme sin tener que depender de mi padre, logrando reunir una suma para poder mandarle a mi hermano y apoyar desde afuera. Vivencias infinitas se tienen como inmigrante y no solo las vive el venezolano, podría atreverme a decir que los turcos también, país natal de Nida, la hermana que logró darme este viaje.

De mi trabajo (un bar de jugos y comida saludables, por así llamarlo) puedo decir que tuve unos jefes increíbles, quienes se preocupaban y preguntaban por mí y mi familia sabiendo la crisis que se está viviendo en mi país. También tuve la oportunidad de trabajar con diferentes estilos de americanos – porque todos eran gringos, yo era la única latina -, desde alguien que me trataba con una superioridad porque en su mente existía el hecho de que yo tenía que limpiar y él no, tenía que cumplir mis labores y las de él, etc; esa mentalidad de que "como eres inmigrante y mi país es superior al resto del universo tú no eres nadie". En fin, con él tuve muchos choques personales porque yo me esforzaba más sabiendo que el trabajo duro era la única opción que me permitía continuar trabajando. Por otro lado, había gente increíble y única, quienes se permitieron entenderme, apoyarme y enseñarme sobre ellos.

Además de este caso, ¿has vivido otra situación similar en tu campo laboral?

La explotación como empleado inmigrante y no creo que sea difícil de entender cuando a esto me refiero. Una de las cosas que más me dolió, frustró, entristeció y mil sentimientos más, fue cuando me dijeron “necesitamos más gente como tú, trabajadora. Generalmente son los inmigrantes a los que más les gusta trabajar”. A penas me dijeron eso las únicas palabras que salieron de mi boca fueron “sí, generalmente por necesidad no por gusto”.

Fue esta experiencia grande, así como una cachetada que te da la vida y te hace ver las cosas de manera diferente. Yo no trabajaba por necesidad, trabajaba porque sentía culpa, por así llamarlo. Culpa porque yo viví, un mes antes de irme, las manifestaciones del 2017. Viví la calle, las bombas, viví las muertes y los lutos y a veces te queda en la mente el hecho de pensar porque tú vives esa experiencia de lograr irte y no otros. Conocí gente que se fue sin nada y le pagaban $5 la hora, nada.

¿Las entidades se hacen responsables por casos como estos?

La verdad es que no. Nadie se puede encargar de cambiar el concepto que se tiene sobre algo, siendo mujer o simplemente inmigrante. Sería cuestión de reeducarnos y entender que todos somos iguales, que todos pertenecemos por igual diría yo. Nadie puede enseñarles a valorar la gente que trabaja para ti. Supongo que así es la vida, injusta.

¿Cómo trata el residente promedio a la venezolana inmigrante?

Mi elemento diferenciador, más que claro está, era el hecho de que yo no pertenecía a ese país. Mi pronunciación era diferente (a pesar de que siempre lograba intentar un acento muy parecido porque me esforzaba para que no me preguntaran de donde era y me respondieran con “¿Minnesota?”) , mis rasgos eran diferentes y de cierta manera la gente te ve diferente y cuando saben que eres latina era como algo exótico, sexual de cierta manera.

¿Cuándo te fuiste pensaste que el trato laboral hacia las mujeres sería diferente?

La realidad es que como no me fui teniendo en mente todo lo que terminé realizando, nunca me preparé mentalmente para preguntarme algo similar. Pero, la verdad es que quizás sí esperaba un trato diferente y aunque ciertas cosas no me sorprendieron tanto; hubo otras, como mis jefes, que siempre diré que son rayos de luz que te mandan.