Ser latina no significa que queramos prostituirnos

Al menos de que hayas nacido en la familia real inglesa, tu papá sea Lorenzo Mendoza, o seas enchufado, todos llegamos a cierta edad donde nos fastidia andar pidiéndole plata a nuestros padres, pero tampoco sabemos cómo producir dinero. 

Es más o menos la edad entre los 18 y 24 años, donde ya eres lo suficientemente inteligente como para irte de viaje solo, pero por supuesto presupuestado por tus papás o por lo menos una ayuda. 

Entonces te encuentras en un viaje divino a Margarita con tus amigas, pero pagas la botella de ron en la licorería con la tarjeta de emergencias que de dio tu mamá porque la tuya obviamente no pasó.  

Más aún en esta Venezuela, donde el sueldo de tu primer trabajo como pasante en un banco, solo te alcanza para un café cada quince días. 

Por lo tanto, o nos toca reducir gastos y aceptarle la ayuda a papá y mamá, o nos vamos del país. 

Por supuesto, viendo la peor cara de la inmigración, venezolanos se buscan cualquier tipo de trabajo para sobrevivir, mantener una familia, o simplemente huir del comunismo. Ahora, si eres mujer, la búsqueda de trabajo informal para por lo menos sostener una vida estudiantil se hace mil veces más difícil. Mediante esta columna, con la idea de exponer el comportamiento asqueroso hacia las venezolanas que se fueron a otros países, relatamos casos donde a través de una simple oferta de trabajo, muchas personas se aprovechan de la vulnerabilidad de la inmigrante promedio que necesita trabajar para mantenerse.  

Les presentamos a Carmela. 

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¿A dónde te fuiste?

A Barcelona, España. 

¿Por qué te fuiste? 

A buscar un mejor lugar para crecer, estudiar y aventurar.  

Ahora, échame el cuento. 

Cuando llegué no tenía trabajo y estuve mucho tiempo buscando cualquiera: niñera, limpiando pisos, camarera, paseando perros y así. Imprimí volantes, entregué currículums y escribí varios anuncios en páginas de Internet para conseguir trabajo, cada día me llamaban y escribían al menos tres hombres preguntándome si mejor no prefería ser su "dama de compañía", pidiendo masajes o "un buen rato con alguien de confianza". incluso ofreciéndome trabajo, que yo sí estaba ofertando, pero a cambio de unos cuantos favores sexuales. 

Una vez me llamó una pareja que buscaba chica de limpieza para su piso, yo súper emocionada y dispuesta tengo toda la conversación con ellos y hablamos de todos los detalles sobre el trabajo, y luego me sueltan: "pero nosotros somos naturistas, así que solemos ir desnudos por el piso", yo no sabía muy bien qué decir porque ya me habían llegado demasiados mensajes de insinuaciones y no me apetecía estar sola con dos desconocidos desnudos, pero no dije nada entonces el chico siguió hablando "y nos gustaría tener una chica que siga nuestra misma filosofía, nos sentiríamos más cómodos si limpiaras desnuda", ahí me quedé como loca y les dije que eso no sería posible y el hombre tiene el descaro de decirme "también sirve en bañador o en lencería", tranqué el teléfono. 

En ninguno de mis carteles, ni de profesora de español, ni de chica de limpieza, ni de niñera hago ningún guiño que pueda ser malinterpretado, siempre soy seria y especifico que es solo eso, pero las personas creen que tienen el derecho de llamar o escribir para preguntar esas cosas. Cada vez que aceptas un trabajo así de desconocidos estás tomando un riesgo. 

¿Las entidades se hacen responsables por casos como estos? 

Jamás he escrito para denunciar estas cosas, pero estoy muy segura de que no ocurriría nada, si miramos los juicios de chicas que han sido brutalmente violadas y maltratadas podemos comprobar que no es un tema que les preocupe mucho, y aún menos si ni siquiera ha sucedido o ha sido solo una llamada desagradable. Lo que se pasan por alto es que hay muchas mujeres desesperadas por trabajo en esta ciudad, que seguro se han llevado muchísimos malos ratos, yo he tenido suerte, solo han sido unas llamadas incómodas.  

¿Cómo trata el residente promedio a la venezolana inmigrante? 

Barcelona es una ciudad hecha de inmigrantes, la mayoría de las personas con las que convives diariamente son de otros países, en ese sentido se está cómodo. Si habláramos de acoso el problema no sería ser venezolana por un tema de xenofobia, si no ser mujer, aquí en Barcelona me he sentido tan o más expuesta que en Caracas, me han dicho asquerosidades y me han seguido por cuadras hasta la puerta de mi casa, una vez un hombre casi logra entrar conmigo al edificio, estaba muerta de miedo. Ser mujer da miedo y no sólo ser mujer, si no además latinoamericana, ya que hay personas que sobreentienden eso como estar desprotegida, por la cantidad de mujeres indocumentadas que no son amparadas por la ley, y sumándole el estereotipo dañino y doloroso de que las latinas somos prostitutas y hacemos cualquier cosa por la desesperación.   

¿Cuando te fuiste pensaste que el trato laboral hacia las mujeres sería diferente?  

Sí, en casi todo el mundo lo es, es un problema global, da igual si estás en Barcelona o en Venezuela.