Sorry not sorry, yo soy la que pone gaitas y ya tiene los ahorros listos para las hallacas

Hace poco pasaba frente a un centro comercial en carro, específicamente frente al Centro Comercial San Ignacio en Chacao, Caracas. Estaba con unos panas mientras montaban el icónico pero ya desgastado “arbolito” (más bien arbolote por ser casi del tamaño del edificio) de Navidad.

La respuesta de mis acompañantes fue bastante obvia entre las volteadas de ojos, los resoplidos, y uno que otro “qué intensidad/lad*lla”. Por mi parte, monté rumba mental y psicológica porque mi cabeza, igual que ese centro comercial, está también adornado de luces, cascabeles random, bolitas ridículas y de dulce olor a pino.

Porque sí, soy una fan enclosetada de la Navidad. Y esta soy yo, comin’ out.

Sin embargo, no siempre fui así: un monstruo festivo víctima de las campañas de marketing. Antes de mi metamorfosis, yo era un ser normal. Lo único que me emocionaba del mes de diciembre era el afán descontrolado de todo el mundo de darte comida y regalos “sin razón aparente”. Pero de dos años para acá, esas comillas perdieron significado. Sí hay una razón por la que la gente demuestra un particular afecto por las demás personas.

Ahora prepárate para el discurso cursi. Porque para mí ya estamos en Navidad y estoy en todo mi derecho.

La Navidad tiene cinco cosas que la hace la mejor época del año:

La comida es brutal.

Estás de vacaciones.

El mes está lleno de rumbas de Navidad.

Regalos (bueno, algunos porque patria).

Y la mejor vibra de cambio. Porque Fin de Año es también Año Nuevo, cuenta nueva, nueva tú y ajá.

¿Pero de verdad es “ajá”? Cuando ponemos estas cinco cosas en una licuadora, tendremos una merengada de reflexión intensa que quieras o no, tienes que enfrentar si la has estado evadiendo todo el año.

La gente es más pana porque lleva todo un año con la cara estirada. Y razones les sobran. Comprarse una empanada es un lujo, las personas que se hacen las locas para pagar la cuenta son cada vez más, la palabra “necesito” aparece en cada conversación y ahora te tienes que acordar de tu clave de Skype porque sino pierdes contacto con más de la mitad de tus amigos que emigraron. La cosa está fuerte.

Es por eso que te mereces esta temporada para curar esa apuñalada a lo Jon Snow que esas cosas te han infligido.

Además, tienes demasiado tiempo libre, olores y canciones que solo vives un mes al año, por lo que ajuro y de pana tienes que dejar de ser cínico y saber dónde estás en la vida. Agarrar tu inútil lista de propósitos y editarla cuantas veces sea necesario. Y esto, para bien o para mal, tendrá algún tipo de cambio en ti.

Aunque sería genial que ese “cambio”, si llega a ser tan grande para llamarse como tal, fuese para bien.

Y he ahí la magia de la Navidad. Porque la verdad es que estás cansada. Llevas casi doce meses en el mismo rollo de tener tu vida en orden, avanzar tus planes y aguantar paja de los demás y eso es simplemente agotador.

Así que en diciembre lo que necesitas es descansar, comer todo lo que puedas, y decidir si de verdad quieres volver al ring en enero. Y si no es así, ¿a dónde c*ño quieres ir?

Feliz Navidad.

Atentamente,

Una intensa feliz y atorada que tiene que comenzar este rollo en noviembre porque sí.

P.D.: En diciembre se estrena Star Wars Episode 8. Las razones para ser feliz no te pueden faltar.