Margaritas Deshojadas: 'es que te tengo envidia' - The Amaranta
Tuve una entrevista con una envidiosa compulsiva

Todas hemos tenido esa amiga que para no herir nuestros sentimientos y justificar a quien sea que nos ofendió nos dice: “ay, amiga, es que te tiene envidia”. Porque para ella no cabe la posibilidad de que hayas sido grosera, desagradable o te hayas portado mal; no, para ella todo señala que la persona se muere por ser tú.

¿Cuántas veces no habrán dicho eso de nosotras?

Sin embargo, ofender a alguien por envidia no está muy lejos de aplicar para nosotras. Aunque nos guste o no, la envidia es una enfermedad que nos afecta más a nosotras que a los hombres.

Les mentiría si les digo que es algo biológico porque estoy segura de que va más allá de eso. Se trata de la cultura que aplicamos entre nosotras y alimentamos con pequeños gestos como juzgar la falda de una chica por ser muy ajustada, o criticar que una compañera se deje el cabello tan largo en lugar de cortarlo. Son cosas que aunque no tengan nada que ver con la envidia, sí son actos que justifican la malicia y nos hacen cometer pecados entre mujeres.

Varias veces me he puesto a pensar a dónde nos llevarían esos pequeños actos. Y sin querer, me topé con la envidia hecha persona mientras me tomaba un café con mis amigas hace unos días. Como siempre, mi amiga estaba chismeando, esta vez sobre su compañera de trabajo a quien conocemos como “la sapa” porque siempre le comentaba los errores de mi amiga a su jefe. Lo gracioso es que la culpa no era de mi amiga que la c*gaba a cada rato en el trabajo, sino de la Sapa que lo comentaba.

“¿Por qué entonces no entregas las cosas a tiempo?”, le pregunté. Y ella me contesta, “es que eso no tiene nada que ver, lo que pasa es que ella me tiene envidia”.

Claro que mi primera reacción fue de sorpresa porque además de ser una justificación floja y simplista para un problema que puede dejar a mi amiga sin trabajo, y además obligarme a mí a pagar nuestras próximas salidas. Pero luego mi reacción fue de pánico cuando la cereza del asunto fue darme cuenta que la Sapa no era la envidiosa.

Monólogo explicativo de una envidiosa compulsiva:

“Es que, chama, esa tipa lo que se ve es verde de la envidia que me tiene. Claro, como ella tiene años en la agencia, le da rabia que venga alguien nuevo con una vibra distinta, ¿sabes? Lo que pasa es que ella tiene a todos en la oficina en la palma de la mano, tiene contactos en todas partes y siempre va vestida como si fuera para una boda; pero eso sí, no me puede ver hablando con (insertar nombre de jefe) porque sino le salen serpientes por esa boca. Sí chama, lo que me tiene es envidia. Que siga comiendo en restaurantes caros y me siga restregando su iPhone X, total, le da rabia que yo sea más joven que ella”.

Supongo que así más o menos se explica de dónde viene el “es que te tiene envidia”. Porque apuesto que más de una vez, ese comentario dio la vuelta y rebotó por toda la ciudad para aplicarse con un giro de 180 grados.