Wallis Simpson: De divorciada de Baltimore a ícono mundial

“Ella no fue la mujer más bella, pero sin duda fue la mejor vestida”.
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La Duquesa consorte de Windsor no fue siempre una gran inspiración cuando de estilo se trataba. Podría definirse más bien como una Oprah de la moda, con inicios un tanto humildes hasta luego tener lujos con los que nosotras solo podemos soñar.

El diseñador francés, Roland Mouret, dijo una vez: “el que no conoce la vida ni el clóset de Wallis Simpson no podría trabajar en moda”. Pero el hecho es que nadie que de verdad esté interesado en ese mundo puede huirle a Wallis. Quien, aunque no pudo ser reina, tuvo que destacar en otras competencias. Carrera que le costó dinero, reputación y por supuesto, tiempo.

Estamos hablando de una mujer nacida en los barrios pobres de Baltimore, en Estados Unidos de finales de siglo XIX. Entonces, ¿cómo pudo ascender esta mujer a encontrarse en los 30 al futuro príncipe de Inglaterra en los mejores vestidos de la época? Muy simple y poco agradable para la feminista de hoy: el matrimonio.

El primero fue un desastre, pero el segundo llamado Ernest Simpson fue un poco más decente y con mayor alcance económico. Lo que le dio la oportunidad de aplicar las nociones que ya tenía sobre las celebridades y el estilo. Así que aprovechó de ir a las grandes casas de alta costura parisina y prepararse para lo que le venía pronto.

Conoció al príncipe Eduardo en una de las ostentosas fiestas a las que asistía la pareja con frecuencia, y ahí fue el flechazo. Poco después para 1934, ya el príncipe parecía hipnotizado por Wallis Simpson. Casi todos conocen la historia, sin embargo lo que pocos saben es que su carrera como ícono de la moda aún estaba en proceso de perfección. Aunque pocos errores se cometieron en su selección de prendas, algunos sí fueron determinantes.

En los primeros días del romance, Wallis asistió a una fiesta con un vestido infantil escotado de algodón, y al parecer fue motivo de sobra para convertirse en un chiste colectivo. Fue en 1936 y en el crucero Nahilin cuando la invitada Lady Diana Cooper hizo que Wallis estuviera a la vanguardia de los últimos diseños de la industria de ese momento en adelante. Apostó desde entonces por los vestidos largos y evitó los escotes.

Otro gran momento para el clóset de Wallis fue, por supuesto, en su boda con el ya ex futuro rey y ahora Duque de Windsor que tenía gran significado mundial. Fue el momento de probarle al mundo de qué se estaba perdiendo la realeza inglesa y de alguna forma escupirle a la mala reputación que le habían creado a su alrededor.

El arduo trabajo del vestido de novia lo tuvo la marca Mainbocher, que destacada como su favorita entre Givenchy, Paco Rabanne, Dior y Schiaparelli.

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Otro de sus vestidos más destacados fue el que utilizó para la cobertura de Vogue de la boda. Fue diseñado por Schiaparelli y pintado directamente por Dalí.

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A lo largo de su vida, fue respetada por su impecable estilo, sus vestidos lisos y claro por sus exóticas joyas que también era una forma de Eduardo de recompensar los malos momentos que su relación implicó. Ayudándola a mantenerse siempre en las noticias y a la vanguardia de lo últimos modelos de la industria. Algunos incluso decían que Wallis goteaba rubíes.

El próximo gran evento en el que Wallis se luciría como la grave pérdida de la realeza fue en el funeral del Duque de Windsor, donde usó un largo abrigo negro con velo de chiffon que llegaba a la cintura. Hubert Givenchy tardó toda la noche anterior en confeccionarlo y ciertamente fue agradecido tanto por Wallis, como por sus admiradores. Pues les confirmó que a sus 76 años, aún se veía espectacular.

Wallis Simpson.

Los diseñadores aún no ven un horizonte en el que el mundo deje de estar obsesionado con ella.