Veces en las que las caraqueñas hemos sido flawless - The Amaranta

Veces en las que las caraqueñas hemos sido flawless

Lo siento, maracuchas.
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Sasha Bograd

Sasha Bograd

El cuentico de que las venezolanas son bellas ya está repetidísimo. Más que repetido, ya es algo molesto. Y esta reacción va más allá del empoderamiento femenino que se rehúsa a creer que el aspecto es lo único que tiene que ofrecer una nacionalidad.

Siete coronas y una economía por el piso dice mucho de un país, por lo que la mayoría prefirió seguir con la mirada apartada, sin embargo es hora de que las mujeres sepan que todo lo que hacen las vuelve unas súper heroínas. Y muchísimo más si lo que hacen es enfrentarse a esta loca ciudad todos los días.

Mis disculpas a las maracuchas y a las gochas, pero no hay nada como una mujer que pisa el suelo de Caracas religiosamente todos los días. Es más un estado mental que una palabra en tu partida de nacimiento, es una actitud y una vibra que nos diferencia de todas. En especial en esas situaciones que solo ocurren aquí.

Cuando nos comemos un perro con todo sin perder el glamour

Los perros calientes de Caracas se distinguen por ser la comida más desastrosa conocida por el ser humano. Te comes uno y dejas la mitad en el piso si no tienes cuidado. Pero a nosotras no nos pasa eso.

No solo no nos da asco, sino que vamos con todo sin manchar nuestro outfit en ningún momento.

Cuando salimos de punta en blanco, llueve y aún estamos perfectas y cuerdas

La ciudad de Caracas parece llegar a un apocalipsis cada vez que una gota cae del cielo al piso. Colas por todas partes, huecos encharcados, gente malhumorada y tipos piropeándote sin preocuparse por el clima. 

Nada de eso parece afectarnos, pues sabemos actuar bajo presión y terminamos llegando a nuestro destino como si nada hubiese pasado.

Cuando compramos nuestra ropa en Sabana Grande o en El Cementerio y la hacemos parecer de Nueva York 

La crisis en el país no nos va a hacer perder nuestro buen gusto nunca. Si compramos barato, compramos BIEN. Nos encanta sentirnos a gusto con lo que usamos y no vamos a dejar de consentirnos por capricho de la dictadura.

Así que no importa de donde venga nuestra ropa, una caraqueña que se toma en serio sabrá combinarla.

Cuando mentamos madre como un camionero profesional

Todo tiene su momento y cuando se te atraviesa un carro o alguien se comió la luz y no te dejó pasar, es momento de dejar el glamour de lado. Así que las mejores groserías salen de nuestra boca como si de eso dependiera nuestra identidad.

Luego de desahogarnos, continuamos con nuestro camino tranquilas como si nada hubiese pasado.

Cuando tenemos dos trabajos, la universidad, clases de yoga, novio y un perro

Podemos tener mil y un compromisos, pero nuestra capacidad de malabarear nuestra atención es el sueño del resto de las mujeres. ¿Que una mujer no puede hacer dos cosas a la vez? Las caraqueñas hacemos siete y nos quedamos cortas.

El multitasking no siempre es una opción, pero el multithinking y la multiresponsabilities ya son parte de nuestra rutina. Gracias, caos.

Cuando escuchamos a los Amigos Invisibles como si fuese la primera vez

Una buena caraqueña tiene a los Amigos Invisibles como soundtrack de toda su existencia. Los escucha en el radio, de camino al trabajo, en la panadería y como si fuera poco los escucha en YouTube cada vez que sale una canción nueva de ellos.

...

Ser caraqueña es saber enfrentar cualquier obstáculo que tengas enfrente.

Ser caraqueña es tener estilo.

Ser caraqueña es todo lo que hacemos.  

En fin, ser caraqueña es lo máximo. Y eso es todo lo que hay que decir.