Testimonio de una fashionista exiliada

¿Alguna vez sentiste que naciste en el lugar equivocado?
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“¡Vino Santa!”, dijo mi hermanito mientras me levantaba emocionadamente un 25 de diciembre para abrir los regalos que esperaba emocionada durante meses.

Después de correr a arrancar el papel de mis regalos tuve una combinación de sorpresa y desilusión al verlos. Revisé mi lista para asegurarme de que no me hubiese equivocado, pero todo estaba bien, tal cual como lo había imaginado:

Era algo así:

Querido Santa y Niño Jesús: 

Para este año quiero una camisa plateada manga larga con una flor en el medio, un vestido rosado con estrellas, un Nintendo DS con el juego de Hannah Montana y unos zapatos morados con líneas azules.

Ah, y paz mundial.

Recuerdo confundirme al ver la escasez de lentejuelas, brillo y tonos rosas bajo mi arbolito navideño (sí, I was a girly girl). 

Giphy

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“¿Por qué no está la ropa que pedí?”, pregunté a mi madre.

“Quizás Santa no la pudo conseguir exactamente como querías”, me respondió.

Claro, “Santa” no la pudo conseguir porque eran fabricaciones mías, inalcanzables en tiendas, ya que el diseñador era una pequeña niña inconforme de pelo rulo e imaginación grande. 

Federica Chacón

Federica Chacón

Mi conocimiento de la moda creció durante las tardes en las que mi madre y yo leímos Vogue juntas. Fui robando cada vez más maquillaje de su gaveta. Lizzie McGuire y Miley Cyrus fueron mis fashion icons; alabé sus chokers plásticos, colitas desordenadas y uñas brillantes.

Eso conllevó a algunos fashion mistakes de los que todavía me arrepiento. 

Federica Chacón

Federica Chacón

Posteriormente, al adentrarme en mi adolescencia aprendí sobre los grandes: Donatella Versace, Miuccia Prada, Michael Kors, entre otros de los monstruos de la alta costura. Copié sus tendencias lo mejor que pude, me inspiré en sus piezas y añoré cada uno de sus diseños.

Mi amor por la moda era tal que con tan sólo 13 años creé un blog de moda llamado Born On A Catwalk, el cual para rematar, escribí en inglés. Talk about a fish out of water. Simplemente sentía que no había un espacio para lo que yo quería hacer en mi entorno.

Error, había demasiado espacio libre; y ese era el verdadero problema.

En fin, escribí emocionadamente y estaba sumamente orgullosa de aquella fabricación digital que había creado por iniciativa propia. Sí, hablé sobre tendencias y los mejores productos, pero no olvidé lo que era realmente importante para mí: sentirse bien, confiada y a gusto con la persona que eres y reflejas al mundo. De hecho, el slogan de mi novato blog era : “Fashion is a way of being, of describing who you are and who you want to be. And to all these trends, confidence is key”.

Soñé con el día en que mi pequeño blog se convirtiera en invitaciones para desfiles y pasajes para la Semana de la Moda de París. Pero por supuesto, eso no pasó.

Cada año mi conocimiento crecía simultáneamente con mi estatura (y talla de sostén). Ahora sabía sobre Oscar de la Renta, Ángel Sánchez, Olivier Rousteing, Karlie Kloss, Poppy Delevigne, Alessandra Ambrosio y quiénes eran los diseñadores detrás de las maravillosas prendas que tanto me asombraban e intentaba imitar con las piezas y chivas que conseguía.

Yo solo quería ser la niña que convenciera a Anna Wintour de cambiar de corte de pelo, o a Karl Lagerfeld de incorporar colores en su vestimenta.

Sólo un obstáculo me detenía. Bueno, varios; 3.428,64 para ser exacta.

3.428,64 kilómetros me separaron de New York Fashion Week, 6.984,06 del Fashion Night Out en Madrid, 3.803,3 del Berlin’s Fashion Trade Show, 7.490,99 del Vogue Designer Fashion Fund en Londres, and so on. Miles de kilómetros de mar me separaban de mi Tierra Prometida, mientras tenía que conformarme con las ediciones pasadas de Vogue que vendían en los kioscos.

Sentía como si estuviese intentando ver un show callejero sobre el hombro de un tipo muy alto.

Después me aventuré en distintas aristas de la moda; al conocer a Alexa Chung- la mezcla perfecta entre ser fashionable y groupie de Arctic Monkeys-, aprendí sobre las relaciones públicas en la moda, los secretos de la industria y las partes no tan glamurosas del mundo de la moda. 

YouTube

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Leandra Medine, la cabeza de Man Repeller- una blogger desprendida del maquillaje y fiel a su rutina de cuidado de la piel-, me dio una lección de estilo que no había leído en ninguna edición de Vogue: moda sólo para ti. No para verte bonita y atractiva, sino piezas raras y fuera de la caja para divertirse y no acoplarse a lo que la sociedad dicta correcto.

Man Repeller

Man Repeller

Mientras descubría todas estás personalidades, que probaban al mundo que la moda es mucho más que glitz and glamour, tenía que conformarme con esperar los episodios de Future of Fashion de Alexa Chung, los videos en vivo de los desfiles en Fashion Week y continuar mi búsqueda de revistas como W, TEN y Sleek, que hablan sobre comida, emprendimiento y negocios desde el punto un punto de vista que representa a la industria de la moda.

No satisfacía ni la mitad de mi hambre por esta área, pero luego de un tiempo, llegaron a mis oídos buenas noticias:

Mis plegarias fueron respondidas al saber de marcas venezolanas que estaban emergiendo en el país, cada una más diferente y vanguardista que la otra, representando al pelo los diferentes tipos de estilos que pudiesen haber.

Perinola, Del Rayo, No Pise La Grama, Ruleta Rusa, Vanessa Boulton, Andrea Gómez y Felipa. Todas ellas se sumaron al proyecto de mi felicidad, ya que hablaban mi idioma y se movían en mi entorno. Por primera vez, no hizo falta crear blogs en inglés ni añorar tendencias externas.

Sé que en Venezuela queda mucho por hacer, y la moda no es necesariamente el área primordial en el que se debe invertir en este momento. 

Pero creo que la ropa, los accesorios y el maquillaje responden a la necesidad básica de expresión personal. Nos ayudan a vestirnos de éxito y de esperanza. Embadurnar sobre nuestro rostro la cara que queremos dar al mundo. 

Creo en el potencial de la moda y en el potencial de Venezuela. Creo en que por fin me sentiré en casa. Que la Tierra Prometida que tanto añoré estará sólo a una estación de metro.

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Esta columna no necesariamente representa la opinión de The Amaranta y sus dueños.