Un cambio de 360°

Sí, estamos claras que hablar de que algo es “cool” automáticamente lo hace "no cool"; pero no podemos despedir este año sin posicionar el foco directamente en una de las pautas más marcadas de estos 365 días: el regreso del streetwear.

Para la ropa urbana, el concepto de 'cool' es imprescindible para alcanzar el éxito; y en el 2017, esto ha significado una paradoja existencial para las marcas principales.

El legado del streetwear es moderno: un cóctel entre los panoramas del skate, el surf y el hip-hop de las costas este y oeste de Estados Unidos, sobre todo en los años 80's y 90's. Era, para los involucrados en el meollo, una insignia de honor que simbolizaba su participación en un movimiento que existía fuera de la industria de la moda; lejos de ser las prendas de gran producción, y lejos de calificar como las producidas por las marcas de diseñadores. Ocupaba un área gris, en el medio de los dos bandos.

Sin embargo, en 2017 los fanáticos del streetwear son a la vez caché y conocedores de la calle: igual de desesperados por tener un par de zapatos Triple-S de 595 euros de Balenciaga, que por comprar una gorra de 25 euros.

La forma en que se viste el hombre moderno ha cambiado y, en cierto sentido, Supreme es la marca responsable de ello. En enero, cuando Louis Vuitton se asoció con Supreme, la sensación de emoción por una propuesta diferente se despertó, pero también el temor dentro de la industria. Principalmente porque era un par que, podía hacerlo todo bien, o podía hacerlo todo mal. Por suerte, fue dicha colaboración la que cambió la relación entre el streetwear y el high fashion como lo conocemos: el éxito los casó sin opción a negarse.

Pero con todo estos nuevos cambios sobre la mesa, un cambio sísmico se abrió paso y algo se sintió apagado. No había rastros del fundador de Supreme, James Jebbia, y Angelo Baque, el director de la marca en ese momento, permaneció en Nueva York, para un tiempo después, dejar la compañía.

Para lo que debería haber sido un evento histórico para Supreme, una conquista de la Semana de la Moda de París en sus propios términos, parecía haber pocas señales de júbilo por parte de la cabeza de la casa de diseño.

Durante la última media década más o menos, las marcas más importantes de streetwear, Supreme, Stüssy, A Bathing Ape y Palace, habían estado a la deriva precariamente cerca del panorama de la moda presente; ya no eran relevante. Así que cuando las cosas comenzaron a cambiar para Supreme, era de esperarse que los dueños hicieran espacio para el salón de los éxitos.

Unos meses más tarde, las noticias revelarían que The Carlyle Group había comprado una participación del 50% en Supreme, tomando el relevo de Goode Partners, que tenía una inversión minoritaria en la compañía desde hacía tres años.

Así que, la nueva etapa de Supreme había comenzado.

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Louis Vuitton x Supreme fue simplemente el comienzo, en un año en el que streetwear se dedicó a canibalizar su propio concepto de "cool", tanto en formas novedosas como no sorprendentes.

Fue “quizás el ejemplo más grande de la evolución de la cultura callejera desde la anti-establecimiento hasta el establecimiento mismo", comentó Jian DeLeon.

El streetwear no solo está impulsando su propio crecimiento: también es la tendencia dominante en las casas de moda de lujo. En octubre, The Fashion Law informó que “ el streetwear high-end ayudó a impulsar las ventas globales de bienes personales de lujo en un 5% este año, a un estimado de 263 mil millones de euros”, según un informe de la consultora Bain & Company.

Con solo buenas noticias, ya se rumorea que Supreme se está preparando para embarcarse en una colaboración con Rolex; puede que el 2017 haya sido el incio, pero quizás el 2018 será el año en que empecemos a dar sentido al lucrativo capítulo de lujo del streetwear.

O, tal vez la exageración y el buzz disminuirá; la subcultura comenzará a florecer bajo tierra nuevamente y se encontrará con el escenario del asentamiento. No lo sabemos.

Lo único que podemos confirmar, es que este año la ropa urbana dejó de ser “urbana” per sé, e impulsó el movimiento del lujo callejero; ahora es el turno del próximo año, para demostrar que las fusiones más extrañas pueden terminar revolucionando la industria.