¿Por qué no uso tacones?

Si pasan de 3 centímetros no tienen más de tres segundos de mi atención.
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No me gustan los tacones. Ya. Lo dije.

Son un recurso usado en exceso por los snobs de la moda. Porque desde que los hombres los comenzaron a utilizar en Francia en el siglo XVIII, los tacones han sido arrebatados como una marca de estricta feminidad.

Y se ha vuelto más bien un contrato. “¿Tienes vagina? Si vas a firmar ese cuadrito, te estás comprometiendo a amar a los tacones y a todas sus manifestaciones por el resto de tu vida. Si no lo haces, la sociedad te pondrá en tu lugar”.

Personajes como Carrie Bradshaw (a quien admiro, más no imito) se han encargado de hacer de este modismo de zapato en algo tan lindo que te hace difícil e imposible rechazarlo. Porque sí, son lindos pero no son prácticos.

Yo no soy Carrie Bradshaw, soy más imitadora de Miranda Hobbes. Soy fan declarada y salida del clóset de la comodidad y considero que las mujeres contamos con muchos más recursos para manifestar nuestra feminidad a parte del largo de nuestro cabello o de nuestros tacones. Y no tienen que causarte ampollas.

A pesar de todo lo que estoy diciendo, sí sé utilizarlos. Desde mi adolescencia mi mamá me ponía a caminar en la casa para no parecer una mona flexionando las piernas cada vez que diera un paso, como decía ella. Y es posible que parte de mi desaprobación haya sido por esta mal fundamentada obligación que mi mamá me forzó a practicar. Sin embargo, no fue solo eso.

Otra parte de mi odio remonta a las clásicas fiestas de 15 años, cuando decenas de chicas aprovechaban la oportunidad de demostrar lo maduras que son y, ¿qué mejor forma de hacerlo que con unos súper tacones?

Cabe destacar que no pasaba una hora para que viera todos esos lindos tacones en las manos de estas niñas mientras que sus pies disfrutan de la bella desnudez. La suciedad o la comida decorando el piso era mejor que la prisión de pies.

Cualquiera puede decir que esas niñas no manejaban la ciencia de los tacones por su temprana edad, pero ¡es mentira! A mis 21 años aún conozco chicas que juran que sus tacones son sus mejores amigos, pero ellos las traicionan no una hora después, sino dos horas después...hay que darle crédito a la pubertad.

Entonces, para qué sufrir ese delirio cuando puedes utilizar zapatos hermosos y bellos sin venderte por diez centímetros de altura.

Las opciones que nos quedan son incontables, al tachar a los tacones de la lista. Nos encontramos con mocasines, sneakers, balerinas, peep toes, sandalias, flats étnicos, slippers y muchos más.

Cada una de tantas texturas y diseños que te dan una cachetada si crees que no pueden ser tan elegantes como un par de torturas, my bad, tacones.

Algunas personas podrán escupirle a mi manifiesto simplemente porque creen que nada sustituirá el sentimiento de llevar un par de stilettos, sin embargo yo no moriré al no llevar tacones a una boda. Sé que el mundo seguirá girando si solo me dedico a saber lucir elegante.

Tampoco seré hipócrita, es posible que los utilice una vez al año, pero no porque haya sido mi primera opción. Creo en la variedad y en la libre voluntad que nos ofrece la moda del 2017.

Pero yo he seleccionado mi preferencia, y he elegido estar cómoda y feliz. Y sé que Miranda me apoyaría.