Kanye no lo hizo primero

Primero fue la invasión, literalmente, de “klones kardashianos” personificados por otras celebridades menos y más relevantes que la misma Kim para la colección de Yeezy, y ahora es Balenciaga rechazando flashes mientras presenta su nueva temporada con mejor iluminación que la colección pasada.

Esto, con menos de 24 horas de diferencia entre campaña y campaña.

Como siempre, las Kardashians tienen la primicia porque todo lo que respire el mismo aire que Kris Jenner está destinado a romper el Internet.

En ambos casos, las firmas se tomaron la tarea de revalorizar el papel de los paparazzi en la moda, rindiendo tributo a la sórdida fuerza que ha dejado su marca en la forma en que vemos el mundo. Aunque no es el escenario que esperaríamos para una firma como Balenciaga, tampoco lo era su presentación fall 2018 con una silla de oficina, mala calidad fotográfica y el efecto normcore al máximo.

O en su defecto, su último lanzamiento de Crocs rosadas con plataforma y una buena dosis de auto-confianza. 

La relación enredada de la moda con los paparazzis se remonta mucho tiempo atrás; incluso antes de Yeezy y Balenciaga.

De alguna manera, los paparazzi se han situado en una posición curiosa en algún lugar entre lo bajo y lo alto desde que el concepto surgió; un in-between que los retrata como irritantes y necesarios al mismo tiempo.

Antes de que Instagram fuese Instagram, sus fotos nos permitieron inmiscuirnos en las vidas de los ricos y famosos, saltando los torniquetes del dinero y las conexiones sociales que nos permitirían entrar a la misma habitación que los famosos.

Y es ahí donde radica su mala reputación, adentrarnos a nosotros, significaba infracciones a la privacidad, explotación e intrusión.

Tan solo tomemos el caso de la princesa Diana; los fotógrafos que la persiguieron el día de su muerte mancharon irreparablemente la reputación de los paparazzis como conglomerado, si eso era posible.

Con el tiempo, sin embargo, la perspectiva negativa de los paparazzi se ha desvanecido un poco; mientras la resignación se asienta, se han convertido en parte del paisaje, aceptados pero no venerados exactamente. Ahora eran sinónimos intrínsecos de la popularidad.

Y considerando que la popularidad, los chismes y las celebridades tuvieron un pico de explosión, empujado por la televisión y el Internet, los paparazzis aprovecharon la ola. Pasaron a ser el vector para que la fotografía de los paparazzi y su estética se convirtieran en partes aceptadas de la cultura visual.

Así que, con los realities reinando la televisión, las columnas de chismes en su mejor momento y la invención de TMZ, lo único que le faltaba a los paparazzis era una corona.

Una imagen correcta de un outfit podía significar el nacimiento de una tendencia de moda, los fotógrafos podían hacer su carrera solo con un retrato de Britney en crisis y las aspirantes al estrellato podían comenzar su viaje solo con par de flashes.

Kim Kardashian West es una de las operadoras más habilidosas en esta área, sobre todo cuando hacía todo lo posible para respirar el mismo aire que Paris Hilton.

De hecho, el paisaje visual de los 2000’s solo puede ser definido por las fotos de los paparazzi, ya sea en revistas de chismes del calibre de People y Hello!; o en la pantalla de blogs como el de Perez Hilton.

Y quién haya sido consumidor, voluntario o involuntario, de medios informales puede reconocer los patrones y líneas que definen una foto de prensa:

  1. Tomas dinámicas sobre la marcha
  2. Flashes de cámaras sobre luces
  3. Entornos urbanos cotidianos
  4. Café o bolsas de compras en una mano
  5. Y un carro de lujo, siempre hay vehículo lo suficientemente caro como para alimentar a una familia por años.

Gracias a Dios en el 2018 son menos botas Uggs y menos niños y niñas ricas con resaca y la economía de los Países Bajos en sus cuentas bancarias.

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Sin embargo, la tensión entre la fama y la privacidad, las imágenes controladas y las espontáneas, bañaron a la fotografía de los paparazzi y los hicieron subir las escaleras exclusivas de la alta costura, extendiéndose a la industria a través de editoriales.

La estética de los paparazzi podía ser copiada, y lo había sido, en las etapas más altas; los mismos, y ahora expulsados, Mario Testino y Terry Richardson rodaron series similares para Vogue Paris en 2008 y 2013; mientras que Tim Walker y Steven Meisel admitieron haberse robado características de los mismos fotógrafos de prensa, para después hacer sus editoriales inspiradas en paparazzis.

La estética de los mosquitos de prensa estaba siendo replicada, a propósito. 

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Ser perseguido por los paparazzi había consolidado su posición como marcador de estatus social, lo que dio lugar a una serie de campañas de moda con temática de paparazzi. Nicole Richie, hija de Lionel, ex-mejor amigo de socialité Paris Hilton y la estrella de reality show de Simple Life, fotografiada mientras era acosada en una campaña de Jimmy Choo; Raf Simons ideó para Dior en el 2012 una campaña que incluía a Mila Kunis rodeada de cámaras, en todas las posiciones; y Fan di Fendi pour Homme posicionó el mismo año a Anja Rubik y Mark Ronson en el asiento trasero de un carro con paparazzis por todos lados. 

Ser perseguido por los fotógrafos, por lo tanto, aparece como un juego emocionante al que los consumidores podrían aspirar, así que la moda nos lo ofrece en bandeja de plata.

Esta podría ser precisamente la razón por la que Kanye enalteció a Kim como una mujer poderosa en el cuerpo de otras celebridades influyentes, mientras era retratada por “paparazzis” en la nueva colección. Nadie más que Kanye conoce el poder de los paparazzis.

Sin embargo, en el caso de Balenciaga, parece más un guiño a otra antítesis; ya sabemos que lo ha hecho con las Crocs, la vestimenta de papá y la ropa mal ajustada. Demna Gvasalia, el director creativo de la marca, adora ir contra la marea. Así que, como los paparazzis están asociados con el mundo tracky y de televisión de reality, se convirtieron en su nueva característica subversiva: un fenómeno cultural perfecto para que él explore la moda.

Sea como sea, la moda sigue su historial de amor y odio con los paparazzis; una editorial a la vez. 

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