La corte de Napoleón puso de moda la sencillez - The Amaranta

Napoleón y Josefina, admiradores del estilo sencillo

El "romper" no fue su idea, pero estuvieron cerca.
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Cuando se coronan como los emperadores de las tendencias.

Cuando se coronan como los emperadores de las tendencias.

No es raro leer y enterarse que los franceses llevaban la delantera en casi todo. En un documento que certifique los Derechos Humanos, en cocina gourmet, postres a la vanguardia, y en vidrieras que manifestaran su superioridad cuando de ropa se trata. Pero así fue por un largo tiempo.

Cuando pensamos en moda francesa, nos viene a la cabeza la imagen de una mujer de cabello negro y cara de triunfadora, o tal vez del perfume Chanel N°5, o incluso recordamos la colección de líneas y colores de Mondrian de Yves Saint Laurent.

En fin, nos vienen mil y un imágenes a la cabeza, de todo menos un político de cuestionable altura que existió con ruido y eco en el siglo XIX.

Aunque Napoleón suele ser un recuerdo distante si hablamos de moda, sería más elocuente decir que su estilo neoclásico vino en reacción a la moda exagerada y pomposa que le había precedido.

Todo comenzó con las exageraciones de María Antonieta

La corte francesa de María Antonieta se distinguió por una frivolidad ostentosa y de muchos adornos. Las súper pelucas de la reina ideadas por su peluquero Leonard escenificaban paisajes y sucesos sociales, mientras que sus vestidos tenían más capaz de lo que mi estómago aguantaría, cortesía de su modista Rose Bertin.

Su gula por la moda era tan patética e insaciable que muchos aseguran que María Antonieta bien pudo haber perdido la cabeza por su pasión por ella. Lo que entiendo completamente porque si vemos a Cilia Flores usar exagerados vestidos Dior y bolsos de Yves Saint Laurent sin el más mínimo pudor ni vergüenza por nosotros, también querrían quitarle la cabeza.

Después de ver una súper peluca rodar cerca de la guillotina allá en 1793, se impuso el militar Napoleón en la corte, convencido de que la Revolución alteraría todos los aspectos políticos y estéticos de la sociedad francesa. Y así fue.

Luego Napoleón y Josefina cambiaron las reglas del juego

Con él y su esposa Josefina se impuso una moda que retaría la balanza antes impuesta por María Antonieta. Ahora las ropas de la Revolución se distinguían por su sencillez, pues desapareció el gusto por los bordados, las pelucas, los cuellos, puños con encaje y medias blancas.

imperio

“El atuendo femenino parecía diseñado para climas tropicales” dijo una vez el historiador James Laver.

El clóset de las francesas se vio muy influenciado por el estilo de las damas inglesas. Renunciaron a la tortura de los corsés y abrieron espacio para un vestido al estilo imperio: cortado por debajo del pecho, con telas vaporosas y que más bien parecía una prenda de lencería.

vestido imperio

El estilo neoclásico las enamoró a todas

En el siglo XIX predominó en la corte francesa el estilo neoclásico que buscaba imitar la sensualidad y la sencillez de los griegos. Y la mayor precursora de este estilo no fue nadie menos que la primera esposa del emperador, Josefina, con la ayuda de su estilista Leroy. Él aportó para la paz de las francesas, las túnicas de muselina cortadas por un cinturón de raso bajo los senos.

Aunque la mayoría ignora es que este fue un diseño, en parte robado, de María Antonieta, quien utilizó este estilo campesino para de cierta forma innovar mientras paseaba por su palacio. Diseño que recibió muchas críticas por parte de la corte y que fue adoptado luego por las burguesas para llevarlo al resto del mundo.

Pero para entonces, ya todos se habían despedido de María Antonieta y de los excesos de la corte sin liberar una lágrima.

Desde ese momento, sería la burguesía la que marcara las tendencias.

Por otra parte, la vestimenta de los hombres (que no fue tan reckless como el de las mujeres), consistió básicamente en pantalones cortos color beige con botas de montar, chaleco y chaqueta de frac de distintos colores, y sombrero que irá cambiando hasta convertirse en el sombrero de copa que distinguiría a toda la burguesía del siglo XIX.

Después de esta marcada fascinación por las ropas sencillas, vino el estilo romanticista y la influencia de la Reina Victoria ya en 1850. Cuando los pequeños adornos vuelven a estar de moda junto con el esplendor y el refinamiento que tanto les gusta asignar al estilo.

Menos mal que luego de Josefina, vienen las salvadoras Coco Chanel y Elsa Schiaparelli para liberarnos de la tiranía de las excentricidades. Y, como siempre, no duraría mucho.