Es demasiado obvio como para ocultarlo

Cualquier amante de la moda prematura comenzó con Zara.

Zara, entiéndase, como la reina de los sistemas de producción destructivos. Pongámoslo así: en mi caso, Zara fue mi primer amor y aunque nuestra relación haya sido maravillosa, y uno aún recaiga en malos vicios de vez en cuando, Zara fue de esas parejas que por mucho que la quería, ella era desconsiderada, no veía futuro, y dañaba a quién tenía que dañar en el camino.

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Por lo que, irreparablemente, decidí separarme. O al menos intentarlo. Pero eso no fue sino hasta que probé con Mango, SuiteBlanco, H&M, Bershka, y una que otra de esas que dicen “Made In China”

Pero eso fue algo así como cuando intenté ser vegana por una semana y terminé inventando un “cheat meal” al segundo día, que no tiene sentido ahora que tomo en cuenta la filosofía vegana.

Con el libro Eco Fashion de Sass Brown bajo el brazo y el texto del documental de Netflix The True Cost memorizado, intenté hacer un escaneo de marcas que le hacían daño al mundo porque la culpa por la contaminación, el consumismo y la mano de obra barata me estaba carcomiendo. Todo esto, mientras andaba de allá para acá con mis pantalones H&M, una camisa de Forever 21 y unos zapatos de Zara.

Este último párrafo describe mi travesía como activista de la una moda consciente.

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He aquí la ironía de intentar formar parte del lado bueno de la moda: señalas el problema, mientras eres parte de él.

Por muchos artículos, investigaciones y hasta tesis que he hecho sobre el fast fashion, las contradicciones de las marcas y las toneladas de ropa quemadas porque “primero quemado que en descuento”, la mayor parte de mi existencia señalando los errores y fallos colaterales de la industria, la he pasado fomentando dichas consecuencias.

Es decir, si tanto me quejo del sistema de moda rápida, que no solo afecta al mundo, sino que expone a situaciones precarias y explota al capital humano de los países más pobres, entonces ¿por qué paseo por toda la tienda de H&M, o en un escenario más criollo, Aishop y Balú, en búsqueda del descuento más atractivo?

Sabiendo que de eso depende el sistema más perjudicial de la industria.

Y no solo eso, sino que también señalándolo como el problema más inhumano de la historia.

Ponerle punto y final a cada queja que tengo del sistema, es básicamente una sentencia de contradicción. Y aunque me gustaría decir que soy la única incongruente, somos muchos más de este lado de la historia; no solo con la industria, sino con otras injusticias y desconsideraciones.

Cualquier excusa vale: estamos en Venezuela, la moda consciente es costosa y no tan fácil de conseguir, en realidad el mundo no se va a acabar por un pantalón o “no sabía”.

Pero eso no cambia la realidad: la vida está llena de ironías, y mi clóset lleno de motivos por los que un sistema de moda destructivo sigue funcionando.