El activismo contra la industria de la moda sigue en aumento

El London Fashion Week fue la última víctima.
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La moda y las protestas han tenido varios encontronazos en la historia; a tal punto de que los enfrentamientos no son solo sobre PETA pisándole los talones a la industria, sino también participantes de organizaciones alrededor del mundo apuntando su dedo hacia las marcas que aún no se suben a la ola de innovaciones y dejan a un lado los materiales textiles que incluyen pieles de animales que no hicieron nada para merecer ser el estampado de una cartera o la suela de un zapato.

Las protestas, por naturaleza, son una demostración pasional para manifestarse en contra de algo o resaltar un hecho. A raíz del conflicto ético, moral y ambiental que el catálogo de recursos de la moda representa, muchas veces las marcas han sido un target directo de protestas masivas y manifestaciones.

Y es que apesar de sus intentos de desvincularse con el mundo real, y maquillar el hecho de que a veces contribuyen con los problemas actuales, las conjeturas sociales y la política; la moda siempre termina siendo un reflejo de la sociedad. Ergo, todo lo que está mal con ella también tiene la posibilidad de pasearse por las pasarelas como forma de protesta, o fuera de ella. 

Además de que tan pronto como las fashion weeks de las capitales de la moda comienzan, los activistas llenan su itinerario para aparecerse en cada show o reunión que puedan; tanto así que se ganaron un cameo en Sex and the City

Sin embargo, las protestas cada vez se hacen más presentes en las pasarelas, afuera de los shows, en las tiendas, en los eventos especiales y en las Semanas de la Moda. Hasta hace poco Michael Kors era escoltado fuera de uno de sus conversatorios en el MET porque algunos miembros de PETA quisieron interrumpir su ponencia para recordarle al mundo que Michael Kors sigue en la lista de diseñadores que no creen en el cuero sintético.

Y es que PETA es un nivel superior cuando se trata de manifestaciones. La organización sin fines de lucro cree fielmente en la efectividad de cada acto de protesta como medio para convertirnos en una sociedad totalmente vegana. 

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En el proceso, le han dado forma a manifestaciones creativas, controversiales e impactantes. Con más de dos millones de miembros activos, sus protestas tienden a ser persuasivas: tanto así como para hacerle pensar dos veces a quien se le ocurra violar los códigos éticos de trato de los animales.

Una de los primeros enfrentamientos registrados fue en la pasarela de Oscar de la Renta en 1991, un show completamente dedicado al cuero. De ahí en adelante, año tras año, las organizaciones han ido elevando el número de apariciones: desde vandalismo y destrucción a la propiedad privada de las firmas de moda, hasta encuentros cara a cara con los fanáticos de las marcas y los mismos diseñadores. 

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Fue el mismo PETA el que revolucionó el espacio de protesta a principios de los noventa cuando la organización lanzó por primera vez su campaña anti-piel, a base de modelos desnudas. Bajo el eslogan 'Preferimos ir desnudas que usar pieles', súpermodelos del calibre de Naomi Campbell, Cindy Crawford y Christy Turlington se desnudaron para tomar una posición en nombre de PETA, y funcionó por un tiempo.

Después fueron incrementando los señalamientos: en 1994 arruinaron las oficinas de Calvin Klein con frases críticas hacia la firma, en el 2002 respaldaron el desfile de Marc Bouwer por ser libre de cuero y piel, en el 2007 promocionaron las protestas en las agencias de modelos en Hollywood, en 2011 los miembros PETA se vistieron de animales para esperar a los asistentes afuera de los shows con pancartas y reclamos, en el 2013 interrumpieron los shows de Milán y ahora, en el 2017 PETA ha acorralado hasta a Stormzy, Kate Moss y Naomi Campbell como método de protesta.

Incluso, la edición que acaba de finalizar del London Fashion Week fue una de las más controversiales en temas de activismo. A las afueras del show de Burberry, más de 250 manifestantes confrontaron a modelos, editores, invitados, personalidades y compradores cubiertos en sangre falsa, gritandoles y escupiendoles, mientras ondeaban carteles y algunos proyectores mostraban animales torturados.

Sí, se les volvió a salir de las manos.

En la 66° edición de la Semana de la Moda de Londres se reunió el activismo en una escala mucho más grande; por primera vez, los shows individuales fueron señalados, y un showroom de tres días vio a los manifestantes adoptar la residencia fuera del British Fashion Council cada día sin descanso.

Aunque aún no estamos seguras de que el activismo esté siguiendo el camino correcto, porque al final del día los invitados de los shows no deben sufrir físicamente y la policía no debería tener que hacer una cadena humana para resguardarlos, si algo es seguro, es que ni PETA ni las demás organizaciones en pro del cuidado de los animales no planean quedarse con los brazos cruzados.

O al menos eso parece. 

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