Cindy de la Mode: ahora las marcas de lujo quieren imitar la moda barata - The Amaranta
El 2017 no deja de sorprendernos

Estamos acostumbrados a ver marcas pequeñas, referentes del fast fashion y emprendedores imitando las piezas que viajan por las pasarelas de las firmas de lujo; es como los puestos del mercado han funcionado por mucho tiempo, pero si hay algo que nos desconcierta, es verlo ocurrir en la dirección opuesta.

La tendencia: las marcas de lujo se copian de la moda “barata”

Mejor conocida como cheap fashion. Entiéndase, los antagonistas de la moda de lujo.

Este año, uno de los movimientos más arriesgados de la industria ha nacido por parte de las grandes firmas e imperios del sector; y es que, en medio de las coyunturas de la moda y las pequeñas revoluciones que se han popularizado en los espacios del diseño, las casas de moda han optado por replicar piezas de marcas económicas y muy poco estéticas desde la perspectiva de la moda de lujo.

Estamos hablando de una copia prácticamente exacta, solo que, en vez de mantener las etiquetas de “10 dólares”, las intercambiaron por precios que sobrepasan los 2000 dólares. Porque así son las marcas de lujo. 

El mejor ejemplo de este año es el caso Balenciaga-IKEA. Balenciaga, la firma dirigida actualmente por Demna Gvasalia, lanzó al mercado una réplica de la bolsa sustentable característica de la empresa sueca IKEA, que según su etiqueta, cuesta apenas $0,99.

Por supuesto, en el lenguaje de Balenciaga no existen dichos números, por lo que es totalmente aceptable que una bolsa semejante a la que puedes recoger en una tienda local se exponga en una vitrina por más de la mitad del ingreso promedio en los EE.UU. Y eso si no queremos tocar el tema Venezuela. 

Si bien es totalmente común que las casas de moda, los artistas y los diseñadores a menudo busquen inspiración en los objetos cotidianos; desde "Campbell's Soup Cans" de Andy Warhol, hasta Crisp Packet Clutch de Anya Hindmarch, o los forros de teléfonos celulares emuladores de detergente en aerosol de Moschino, hay una larga lista de ejemplos.

Sin embargo, copiar una bolsa de plástico y agregarle tres ceros más, es otra historia. Y es que, la propuesta tiene la misma forma, las mismas rayas y los mismos colores. En sus antecedentes, el mismo Louis Vuitton, en 2007, se apropió de la “bolsa de lavandería” extremadamente ordinaria, que se había ganado el favoritismo de los estudiantes con desequilibrio económico, que fácilmente podía ser adquirida por un dólar o menos. Vuitton fue el primero en convertirla en un producto de alta costura.

Mientras que, en el 2014, el diseñador situado en Londres, Ashish Gupta, modernizó la bolsa de compras de plástico en una pieza digna de lentejuelas y brillos, a un precio superior.

Ashish Gupta, 2014.

Ashish Gupta, 2014.

Ahora, en un mercado donde las falsificaciones y las casas de moda se referencian entre sí, la propuesta de Balenciaga abre el juego que nos reta a establecer diferencias entre el lujo y la baratura; solo para detectar las formas en las que el lujo está cambiando en este momento.

Y por cambiando, nos referimos a encontrar el por qué de diseñar una bolsa de mercado como “alta costura”.

“Es un homenaje a la vida cotidiana y el diseño clásico, pero también quizás una rebelión contra la naturaleza desechable de la moda rápida: está tomando un objeto clásico pero desechable y convirtiéndolo en algo con longevidad, que puede ser apreciado fuera de su contexto habitual por su calidad de diseño intemporal” -Ashish Gupta.

Además, en un intento de justificar la razón de ser de diseños como el de Balenciaga, o deberíamos decir IKEA, Anye Hindmarch culpó a las necesidades del consumidor: “la gente está aburrida de la moda, que se trata de dinero, estatus o el próximo diseñador caliente. Este tipo de productos son un poco rebeldes y muy divertidos”.

Por otro lado, aún podemos celebrar que la bolsa de Balenciaga está hecha de cuero, y no de plástico; y porque las leyes de derechos de autor existen, la marca de la tienda sueca también falta en el diseño de alta costura.

Así como el turno de la casa de diseño española llegó con la imitación de la moda barata, también le siguieron la bolsa de almuerzo de cuero de Jil Sander y la lúdica reinvención de la estética falsa de Alessandro Michele; además de siempre contar con la elocuencia de Jeremy Scott en Moschino, que ha vendido hasta bolsas negras de basura como vestidos.

Al final del día, somos testigos de la forma en que la moda de lujo se estrella en la brecha alta-baja. Y es que, el lujo es proteico; es una industria generalmente llena de innovación y experimentación. Introduce nuevos conceptos en el mercado día tras día, pero la versión actual de lujo tiene un entorno muy diferente para adaptarse.

Nuestra sociedad prospera con una extraña combinación de altibajos; es en parte el resultado de nuestro movimiento colectivo hacia los terrenos igualitarios, en los que todos los numeritos demográficos exploran la conveniencia y consistencia de las megacorporaciones.

Por supuesto, este es un concepto alimentado de la dramatización de los imperios, inyectado de su “complejidad” artística y necesidad de innovar a como dé lugar. No siempre de la mejor manera.

¿El veredicto?

Se les fue de las manos. Una cosa es buscar inspiración en todo lo que nos rodea, y otra es vendernos una imitación de una bolsa de mercado con una diferencia de 2.144,01 dólares.

Sin embargo, ¿cómo usamos las imitaciones de lujo en la vida real sin vender órganos de nuestro cuerpo?

Ya que no tenemos ningún IKEA cerca, y los establecimientos ahora están cobrando hasta las bolsas de plástico, tu única salvación para replicar las marcas baratas de la manera más lujosa posible, es robándote una bolsa plástica del Unicasa o, en la mejor de tus suertes, EPA, y estampándole algún nombre de connotación costosa justo donde sale el logo de la marca “barata”.

Procura al menos fingir que vienes del mercado cuando salgas con tus amigas y tu nueva cartera. Por favor y gracias.