Oler bien es un alimento peligroso a la vanidad de una mujer

Me atrevería a decir que el perfume es el accesorio más relevante de una mujer. La gente no siempre recordará los zarcillos que llevas puestos, tus zapatos o incluso tu labial, pero lo que sí recordarán es el rastro que dejes de tu esencia.

Pero como en un currículum suena mejor la palabra perfume que desodorante, si de buenos olores hablamos, muchos artistas, modistas y químicos dedicaron su vida a esta especialidad y la han convertido en un arte. Desde los egipcios hasta la tienda de tu esquina entienden la importancia de una buena impresión, ¿y qué mejor recuerdo que una fragancia que te diferencie?

Algo así le pasaba a Alejandro Magno, quien era un aficionado a los perfumes, se cree que dejaba su fragancia en toda una habitación por días solo con estar un rato en ella. Desde entonces se dice que un perfume ha sido tan frecuente en la historia como un héroe o leyenda.

Pero en el siglo XX con la revolución del marketing, la fotografía y la economía de consumo, la necesidad de que el perfume esté en la peinadora de las mujeres se despegó. Tanto así que muchas fragancias se volvieron los sueños de más de una generación, pues protagonizaron la de nuestras abuelas y la de nuestras mamás hasta llegar a estar en nuestras listas de deseos.

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Y aunque ahora contamos con cremas, splashes, gels de baño, el criterio debe ser siempre el mismo. Pues saber elegir algo que nos distinga de todas las demás nos hará triunfar siempre.

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