Lo más probable es que tu rutina de belleza esté minada de maltrato animal.

La secta ecológica, orgánica, vegana y en defensa de cualquier espécimen con un rastro mínimo de vida muchas veces tiene razón. En un mundo en el que el calentamiento global es un mito, los desastres naturales son culpa del gobierno Chino y el consumismo arraza con todo sin importar las repercusiones ambientales, es totalmente normal que los animales, de hecho, quieran usar maquillaje.

Maquillaje que está siendo probado en ellos mucho antes de que llegue a nosotros, contra su voluntad, porque, al final del día, muchas ratas, perros, conejos y conejillos de india tienen que morir para que podamos aplicar una base nueva en nuestro rostro y sombras de ojos en el párpado móvil.

Pero ya que nos gusta pensar que no todo está perdido, un pequeño movimiento que consideró que la vida de la raza animal también importa creó lo cruelty-free.

¿Qué significa “cruelty free”?

En el lenguaje adoptado por el movimiento pro de los derechos de los animales, “libre de crueldad” es una etiqueta que le asignan a los productos o actividades que no dañan ni matan animales.

En este caso, es el término que le asignan, en la industria cosmetológica, a los productos que no han sido testeados en animales. Nada que se aproxime meramente a ellos es considerado libre de crueldad; en cambio, todas aquellas empresas y marcas que prueban sus productos en animales, ensayos que tienen que ser dolorosos y causan sufrimiento o incluso la muerte de millones de animales cada año, son la razón por la que el término se acuñó; a fin de presionar a las compañías que no adaptaban sus prácticas para no afectar a los animales en el camino.

Porque en el 2017 todavía existen empresas que no se preocupan por el bienestar de la raza animal.

Pero ¿a qué nos referimos con “pruebas”?

Animales como conejos, ratas, ratones y conejillos de indias, perros y gatos, se ven obligados a comer o inhalar sustancias bajo la excusa de que los cosméticos tienen que ser probados; una razón válida, pero cuando estamos hablando de otra vida, con barreras de dolor y niveles de sufrimiento, es cruel.

Sobre todo porque la mayoría de los casos, a los animales se les aplica un ingrediente cosmético en la piel, los ojos o los oídos todos los días por periodos de tiempo que varían entre 28 o 90 días, solo para confirmar si alguno de ellos puede posiblemente causar una reacción alérgica.

Después de la tortura, son asesinados y cortados para examinar los efectos que el ingrediente tiene en los órganos internos. Y no solo estamos hablando de animales corrientes, dichas pruebas también se realizan con animales preñados que, después de sufrir las consecuencias de las pruebas, son asesinados junto con el feto.

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Sin embargo, no solo hay un tipo de “prueba”, hay un extenso catálogo de ellas. Una de las más comunes son las pruebas de carcinogénesis, que se llevan el premio por ser una de las más prolongadas; en esta, las ratas, conejos, o cualquier animal de su preferencia, es alimentado a la fuerza con un ingrediente cosmético durante dos años para conocer si dicho ingrediente podría ser cancerígeno, son monitoreadas en su viaje por el cáncer y luego asesinados.

“Por lo general, un conejo joven está muy apretado en una caja, por lo que no puede moverse...Los clips a veces mantienen los párpados abiertos. La anestesia generalmente no se administra. Un investigador aplica una sustancia concentrada a la capa externa del ojo y observa en un lapso de días o semanas las respuestas como ceguera, hemorragia y ulceración. Al final, generalmente, los conejos son asesinados” - Megan Erin Gallagher

A todas estas, ¿por qué los cosméticos son probados en animales?

Todavía es legal y ampliamente practicado por las compañías de cosméticos, que con el fin de probar sus formulaciones, tomen a conejos, ratas y otros roedores como “conejillos de indias”.

Sobre todo, los conejos; la razón por la que los conejos son víctimas de este sufragio es porque los químicos, sintéticos y toxinas fuertes que se usan comúnmente en las formulaciones de belleza deben ser probados en pieles con las mismas variantes que las humanas, para que sean considerados seguros para la aplicación.

Pero independientemente del motivo detrás de las pruebas con animales, durante esta práctica los conejos están sujetos a enormes cantidades de sufrimiento y crueldad. No solo estamos hablando de ponerle pinturas de uña a un chimpancé; los laboratorios no se limitan a agregarle lápiz labial a los labios de los conejitos o darle volumen a sus pestañas.

El tema más allá de justificar que “tienen que probarse los productos”, va hacia las condiciones a las que se enfrentan en dicha prueba. Viven vidas aisladas, muchas veces sin alimento, son forzados y maltratados, y además viven para someterse a incesantes inyecciones químicas y sufrir dolor antagónico.

Sin piedad, los animales bombean regularmente sustancias sintéticas y toxinas para que las compañías de cosméticos puedan medir el nivel de sufrimiento y los efectos colaterales para determinar cómo estos químicos podrían reaccionar ante la aplicación humana. Sin importar si el dolor es prolongado, o incluso, insoportable para ellos.

Además, otra de las excusas para justificar la tortura de animales es que las compañías de cosméticos desean sintetizar continuamente próximos lanzamientos con productos químicos de nuevo diseño. Y dado que estos productos químicos son diseñados artificialmente en laboratorios, su efecto en los seres humanos (o cualquier muestra orgánica para el caso) es en gran parte desconocido, y por lo tanto debe ser probado.

Pero una cosa clave que debemos recordar para poder entender las razones principales por las que las pruebas en animales tienen que ocurrir, es que estos químicos no son orgánicos. En esencia, son formulaciones químicas completamente nuevas que no indican en absoluto cómo podrían afectar a los seres humanos a corto y largo plazo, y ya que son diseñadas por la mano y obra del hombre, debe conocerse como el cóctel de químicos puede hacer daño; y aquí es cuando la raza animal hace su aparición.

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Sí, los ecologistas tienen un punto: si todo fuese natural, no habría necesidad de probar en animales

En una realidad utópica y en el mundo ideal, las empresas se comprometerían a usar ingredientes naturales y formulaciones a base de tierra, ya que las pruebas en animales ni siquiera serían necesarias porque está comprobado que la naturaleza nos proporciona ingredientes naturales que se pueden aplicar con seguridad en la piel sin necesidad de sacrificar a la raza animal en el camino.

Sin ánimos de exagerar, porque sabemos que de la noche a la mañana las empresas no van a reestructurar todo su método de producción, y mucho menos sustituirán todos sus recursos para ir con la onda ambientalista y consciente, un buen comienzo sería que comiencen a trabajar su compromiso con el mundo enfocándose en incluir más ingredientes orgánicos en su menú de cócteles químicos.

No va a acabar con el problema, pero es un buen primer paso.

Pero ya que no vivimos en el mundo ideal ¿en qué se probarían los cosméticos si los animales no fuesen una opción?

Hay alternativas, que tienden a ser más baratas, rápidas y hasta más efectivas. Reemplazar las pruebas en animales no significa poner en riesgo a la vida de los humanos; tampoco significa detener el progreso médico. En cambio, reemplazar las pruebas con animales mejorará la calidad y la humanidad de la ciencia, pues, afortunadamente el desarrollo de métodos alternativos está creciendo.

Debido a las innovaciones en la ciencia, las pruebas con animales están siendo reemplazadas en áreas como pruebas de toxicidad, neurociencia y desarrollo de fármacos: a cambio de torturar animales, se puede ensayar con las células humanas. En este sentido, las células humanas se han comenzado a emplear para crear dispositivos innovadores llamados 'órganos en chips’, estos pueden usarse en lugar de animales para estudiar las posibles reacciones humanas.

Los órganos en chips son células humanas que se pueden cultivar en el laboratorio, los científicos entrenaron a las células para que crezcan en estructuras tridimensionales, como órganos humanos en miniatura. Así como un mutante artificial, pero hecho a costas de células humanas, lo cual nos puede arrojar una respuesta más certera porque estamos casi seguras de que este mini-monstruo es mitad humano.

También existen los modelos computarizados, que tomando en cuenta las referencias de pruebas en animales pasadas, pueden formar un patrón que replique los aspectos humanos; no es como si no tuviésemos suficiente research y data matemática para respaldarlos.

Incluso, ya existen modelos computarizados del corazón, los pulmones, los riñones, la piel, los sistemas digestivo y musculoesquelético. ¿Qué más se necesita?

Y si ninguna de las alternativas es lo suficientemente atractiva, siempre existirá la posibilidad de probar con tejidos humanos. Los tejidos sanos y enfermos donados por voluntarios pueden proporcionar una forma más relevante de estudiar la biología y dejar a los animales tranquilos.

Además, estas donaciones pueden ocurrir, y se espera que ocurran, una vez que la persona fallezca, nadie sale herido en el proceso. Gracias a esto, se han desarrollado modelos de piel y ojos hechos de piel humana reconstituida y otros tejidos, y se utilizan para reemplazar las pruebas de irritación crueles en conejos. Compañías como Episkin, Mattek y CellSystems GmbH ahora producen estas pruebas en kits fáciles de usar para que las compañías los prueben con sus cosméticos y otras sustancias; porque no todo está perdido.

Ahora, ¿qué hace el mundo contra esto?

A pesar de que la Administración Federal de Drogas ni siquiera exige la prueba de la seguridad de los productos químicos que se usan en los cosméticos, 100 millones de animales son sometidos a pruebas crueles y dolorosas cada año, y esto es solo en Estados Unidos.

La lista de empresas y productos que se valen de las pruebas en animales es absurdamente larga; una rápida revisión a la enumeración detallada y específica de PETA y podrás darte cuenta que más de la mitad, por no decir todos, de los productos que usas diariamente están contemplados como maltratadores de animales.

Pero, gracias a campañas, la presión social y la ausencia de justificaciones socialmente aceptadas en el mundo de los ecologistas y defensores de los animales, la lista de marcas que se han unido a la movida “cruelty free” va en aumento.

Además de que muchos países y organizaciones se han sumado a la causa; La Unión Europea, compuesta por 28 estados miembros, se convirtió en el primer grupo de países en prohibir los cosméticos probados en animales; al mismo tiempo que la prohibición de la UE entró en vigor el año pasado, Noruega también anunció una prohibición en su nación, y le siguió Israel y la India.

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También hay países que están considerando prohibir la prueba en animales: entre ellos, Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda.

Por mi parte, mi mayor aporte fue sobrevivir en Venezuela una semana con una rutina de belleza libre de crueldad. Aunque no fue un trabajo sencillo, que me costó una semana con un desodorante de bicarbonato y lavados de cabello improvisados a base de huevo, fue lo más cercano a una colaboración para salvar el mundo.

Si no quieres cambiar tu dieta de productos de belleza porque el huevo no suena como una opción tentadora, lo más que puedes hacer para ayudar con el tema “cruelty free” es que, antes de comprar un producto, revises la lista de marcas condenadas por PETA, o te asegures que el producto especifique que “no fue probado en animales”, para que al menos no le regales dinero a las empresas que matan perros e intoxican a peces.

Ese sería un buen comienzo. La raza animal te lo va a agradecer.