O a cualquier amante del "Made In China"

China es, por excelencia, el país de las producciones en masa. No hace falta evocar a la famosa etiqueta de Made In China para sustentar nuestro argumento, pero ahora que lo mencionamos, es totalmente común, más bien, básicamente una iniciación como ser humano consumidor de cualquier producto, poseer un bien tangible hecho en China.

Ajá ¿y cuál es el punto?

Además de resaltar lo evidente, decidimos poner el tema de China sobre la mesa porque los productores por renombre no están gozando de sus mejores días y es nuestra oportunidad de sacar la carta del Fashion Revolution fuera de la manga sin ganarnos rodadas de ojos por la intensidad.

China ya no es la primera opción en manufactura de textiles.

La leyenda dice que si lees esa afirmación en voz alta puedes escuchar el lamento de un chino a 15.216 kilómetros de distancia.

La cuestión es que sí, las capacidades de fabricación de ropa de China son increíbles y bastante más avanzadas que las de otros países, pero cuando las marcas se sientan y lo piensan en frío, los costos de producción en China, que comienzan a aumentar, son suficiente excusa para buscar refugio manufacturero en otras fronteras más dispuestas a explotar a sus trabajadores solo para ofrecerle una mano de obra más barata a los gigantes de la moda.

Entiéndase, Vietnam, India, Indonesia e incluso el mismo Estados Unidos.

Una serie de países en los alrededores de Europa occidental está pasando a figurar en la cartera de fabricantes de las casas de diseño como nuevos -y potenciales- centros de fabricación de ropa de moda más cerca de casa; aún cuando China, en su constante ascenso en la cadena de valor industrial, sigue siendo relativamente barato para las marcas de moda estadounidenses.

Hace unos años, pensar en un sustituto que pudiera llegarle a los talones de China era casi tan imposible como buscarle un reemplazo a Beyoncé.

Imposible, Beyoncé no tiene reemplazo.

Y ahí usted está en lo correcto; pero China sí.

El país de Asia Oriental sigue siendo el mayor exportador de prendas de vestir del mundo, ese título no se lo podemos quitar en ningún momento pronto; sin embargo, el exceso de oferta, los altos costos laborales y el famoso proteccionismo han, poco a poco, esfumando su competitividad y la idea de que China es China y lo demás es monte y culebra no-productora.

Con China en sus mejores años de innovación tecnológica y manufacturera, no era necesario mirar para los lados, pero ahora, puede que las marcas estén detallando el mapa con intenciones de diversificar sus casas productoras sin armar mucho escándalo.

China tiene una industria textil notoria: posee la mayor parte de la producción mundial de poliéster y es uno de los principales productores de algodón; por lo que producir con ellos es matar dos pájaros de un tiro. Además de que es más avanzado que países como Vietnam, que tiende a importar sus textiles de China; y tiene mucha más experiencia y una agenda de clientes acostumbrados a su movida y calidad.

Sin embargo, queremos hacer un inciso para darle más malas noticias a China y recalcar que las apuestas parecen apuntar a que la India superará la fuente de recursos invicta de Asia Oriental con pronósticos de que este año será nombrada como la principal productora de algodón del mundo.

Ahí vamos de nuevo, otro grito a 15.216 kilómetros de distancia.

¿Y por qué suponemos todo esto?

Si bien el país sigue reluciendo su medalla por ser el mayor exportador de prendas de vestir del mundo, con una enorme capacidad de producción, la mano de obra textil está pasando por una dolorosa, lenta y frustrante (para los chinos) reestructuración industrial.

Y los Estados Unidos, la Unión Europea y Japón no tienen mucha paciencia para reestructuraciones. De hecho, sus tendencias bajaron en estas principales regiones importadoras; la participación de mercado de China en valor a la industria textil y de la confección mundial recientemente cayó del 38,6% en 2015 al 35,8% en el 2016.

Al igual que, desde 2014, las exportaciones de textiles y prendas de vestir chinas han disminuido considerablemente, de aproximadamente 236 mil millones de dólares a 206 mil millones de dólares en el 2016, según la Organización Mundial del Comercio.

...pero no todo está perdido

Aunque los datos de aduanas de China expusieron que las exportaciones de ropa y accesorios cayeron un 0,4% el año pasado desde 2016, las exportaciones de textiles tuvieron un crecimiento anual del 4,5%.

Es decir, ahora no quieren un vestido chino sino que quieren su algodón. Algo es algo.

¿Ahora cómo metemos el Fashion Revolution aquí?

Todos estos números son por algo: entre distractores como el proteccionismo y la oferta, puede que todo el alboroto también tenga que ver con los costos laborales en China, que han aumentado constantemente.

Si antes China era barato porque la explotación era una opción, ahora el salario mínimo en el sur de la ciudad de Shenzhen está alrededor de 336 dólares por mes, más del doble de la tasa que en algunos países del sudeste asiático.

Con tres números en una cifra que antes acostumbraba rozar a duras penas dos dígitos mensuales, abaratar los costos de fabricación no es tan sencillo. Sin embargo, siguen siendo razonables, pero no se comparan con la manufactura China de antes.

Eso no quita el hecho de que Estados Unidos importa casi toda su ropa (un 97.5% para ser exactos, según La Asociación Estadounidense de Ropa y Calzado) y que los volúmenes procedentes de China dejan en evidencia que el país fabrica la mayor parte de la ropa usada en los Estados Unidos.

Ante todo esto, ¿qué dice la industria?

Básicamente, que no entremos en pánico (en mayúsculas y con ojos saltones de puro pánico).

Según una encuesta creada por los ejecutivos de la industria de la moda de EEUU. y dirigida por Sheng Lu, un profesor asistente de la Universidad de Rhode Island, y la Asociación de la Industria de la Moda de EEUU, las empresas de moda “NO se están alejando de China” (de nuevo mayúsculas bañadas de pánico) sino que están “diversificando en dónde hacen negocios”.

Ok, pero ¿qué pasará si Estados Unidos se quita su dije de amistad con China?

Aunque Estados Unidos parece ser el centro del universo cuando de moda se trata, la buena noticia es que China no depende de sus compradores estadounidense. Así estos decidan probar suerte con otros países, los análisis arrojan que el textil chino y los hacedores de ropa están en poco riesgo de la inminente guerra comercial entre China y EE.UU., ya que exportan tan poco a los Estados Unidos cuando comparan con otros sectores, que las marcas estadounidenses pueden diversificar sus fuentes sin afectar directamente a China.

En parte porque ahora el país está resurgiendo como un proveedor de textiles para los nuevos países exportadores de prendas de vestir en Asia, por lo que, al final del día, Estados Unidos sigue dependiendo de él.

Sin embargo, Sheng Lu, el profesor asistente del estudio de moda y vestimenta en la Universidad de Delaware, afirmó que los productos "hechos en China" no estaban perdiendo competitividad en sus precios gracias a uno de sus mejores inventos: la eficiencia general de su cadena de suministro.

Así que, ¡qué no panda el cúnico! Todavía falta mucho para que China deje de ser China.