Prácticamente puedes usar pantalones gracias a ella

Desde que terminé para siempre con la falda típica del colegio de monjas, encontré en lo pantalones un alivio incomparable que no me convenció de usar faldas o vestidos hasta aflorar el instinto coqueto que toda persona adquiere cuando se enamora. Entre ese tiempo pasó dos o tres años en los que los pantalones se convirtieron en mi prenda predilecta para cualquier evento.

Todavía lo son. Pero la parte interesante de usar pantalones es que la tenemos como opción. Está en nuestro derecho saber si usamos o no falda, shorts o pantalones, de todos los gustos y colores. Cosa que no pasaba hace más de setenta años.

Katharine cambió eso para mí, aunque realmente fue un movimiento femenino masivo por los derechos de igualdad, nos cuesta creer que todo este movimiento recibió la inspiración de una actriz “difícil” que abrazó los pantalones y decidió usarlas en la pantalla grande en la época más complicada para hacerlo.

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Era 1930 y la mujer aún no veía de forma tangible el derecho de asumir las responsabilidades masculina debido a su ausencia por la guerra. Ellas tuvieron que presidir los negocios, los juegos tipo béisbol y fútbol, el trabajo pesado y demás. Pero aún así podían ser detenidas por usar pantalones en la calle por “disfrazarse de hombres”.

Freud tampoco estaba de nuestro lado y acusaba el gusto de los pantalones en mujeres como una “necesidad que teníamos nosotras de tener un pene” y por lo tanto inclinaciones homosexuales.

Sin embargo, llegó Katharine Hepburn. La mesías de la moda femenina y la libertad de usar pantalones en un terreno sexual libre.

Katharine Hepburn en su traje off-stage de hombre favorito

Katharine Hepburn en su traje off-stage de hombre favorito

Todo empezó con Kimmy, una especie de álter ego que Katharine se creó a los nueve años porque quería ser niño y que la llamaran Jimmy. Según ella fue porque “los niños se divertían más”, dijo a Charlotte Chandler, para su biografía I Know Where I’m Going: Katharine Hepburn: A Personal Biography.

Sentimiento que la acompañó en toda su trayectoria como actriz. En Hollywood, muchos directores no sabían qué hacer con esa mujer sin una sexualidad definible por sus estrictas reglas de feminidad. En más de una película, el director George Stevens, que trabajó con ella en Alice Adams (1935), tuvo que dirigirla y asistirla en las escenas románticas porque ella era “muy ruda”.

Claro porque no portarse como una princesita y usar faldas hasta para la ducha, automáticamente la convirtió en una actriz masculina.

Con el tiempo, el público comenzó a admirarle precisamente porque le daba una vuelta de 180 grados a todas las ideas de feminidad que la sociedad y la cultura pop exigían.

Katharine Hepburn fue la patrona de las nacientes feministas de la década de los 30. Un feminismo donde podíamos asumir los mismos cargos y tareas de un hombre e incluso poder invadir su clóset sin que afecte un aire de nuestra sexualidad.

Los pantalones fueron simplemente un metáfora que revolucionó la forma de todos de ver a una mujer. Muchos aún la llaman como masculina por su forma de actuar. Pero no fue ella sola al frente de la batalla en Hollywood.

Actrices como Marlene Dietrich, Greta Garbo y Mozelle Britton fueron también mujeres que adquirieron un estilo andrógino que le dio la vuelta al cine y a las pasarelas. Tal como hoy en día lo hace una actriz como Tilda Swinton.

Gracias, Katharine.

Katharine Hepburn was the patron saint of the independent American female” dijo Mary McNamara en un artículo para Los Angeles Times en 2003.